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Próximo destino: Ciudad de la felicidad

Son Luis y Aline. Compraron un billete de ida sin fecha de vuelta. Aún no han fijado el regreso. Son felices. Él está en México. Ella, en Sevilla.

el 14 mar 2015 / 10:30 h.

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ALINE - EL CORREO DE AMERICA Aline dejó México para asentarse en Sevilla. A veces, la perfección no es lo más anhelado. A veces, el instinto humano te lleva a buscar nuevas experiencias que, lejos de alcanzar la excelencia, se antojan imprescindibles por una sola razón: «Te hacen sentir vivo». Ellos lo tenían todo. Sin embargo, un buen día de hace tres años, emprendieron caminos opuestos. Coincidieron en los trayectos y coinciden también en el balance que hacen de aquella decisión: «Me cambió la vida». Son palabras de Aline. Ella dejó su ciudad natal, México DF, para venir hasta Sevilla. Fue en el mes de febrero de 2012. «Sentí mucho miedo cuando mi avión pisó tierra pero considero que tomé la decisión acertada y soy tremendamente feliz». Tan sólo un mes antes, en enero, llegó hasta tierras mexicanas Luis Márquez. Atrás dejó Sevilla y todo lo que, hasta ese momento, había configurado su vida. Su empresa de ingeniería lo destinó al país azteca sin saber que satisfacía «la necesidad de experimentar un cambio tanto en la faceta profesional como en la personal». Para Luis, el reto al que se enfrentó hace tres años era toda una aventura. No obstante, no se imaginaba el caos de una ciudad –México DF– que nunca duerme. «Todo es de locura. El tráfico es brutal. Imagínate la salida de Sevilla un 15 de agosto a las dos de la tarde, pues eso te lo encuentras en DF cualquier día, a cualquier hora y en todas sus arterias viarias». Quizás, ese estrés continuo que a Luis ha «enganchado» es lo que Aline menos echa de menos. «Demasiada gente, demasiados coches, demasiado movimiento. No existe comparación», confiesa esta antropóloga. Aline llegó a la vieja Híspalis persiguiendo un sueño. «Todo historiador o arqueólogo tiene que venir, al menos una vez en la vida, al Archivo de Indias». Y eso mismo es lo que ella vino buscando. En principio llegaba para dos años. Hoy es una mujer casada y no tiene intención de marcharse. Una enamorada de la Semana Santa – «a pesar de no ser católica» – y una flamenca más que no duda en vestirse de gitana cuando llegan los días de la Feria de Abril. Aline Clara se ha adaptado a la cultura de esta ciudad tan bien como Luis lo ha hecho a la mexicana. «Sorprende la cercanía con la que los mexicanos ven la muerte. Durante el fin de semana de los difuntos, todos hacen altares en su casa para honrar desde la alegría a los antepasados», dice. La gastronomía es otro de los puntos a favor por los que Luis no pretende dejar la patria azteca. Los guisos de pescado, la comida oaxaqueña, la yucateca y la poblana «me llegan a volver loco». Imagen Luis2 copiaweb Luis llegó en 2012 a México. En sus testimonios se percibe la felicidad de ambos y en eso tienen mucho que ver las personas de las que se rodean. Se encontraron con una patria diferente a la propia pero hoy no se sienten distintos. «Los mexicanos son muy abiertos con nosotros, los españoles. Lo hacen todo mucho más fácil», asegura Luis. «Me encantan los sevillanos, me encanta el carácter de ellos y los encuentro muy parecidos a la gente de mi tierra», dice Aline. Y es que, como afirman ambos, mexicanos y sevillanos tienes muchos más aspectos en común de lo que, en un principio, «se puede pensar». México DF es la tercera ciudad más poblada del mundo. Se calcula que, para 2030, la gran urbe tendrá 23 millones de habitantes. Estas cifras de vértigo han hecho que la propia ciudad se haya configurado según un modelo que poco o nada tiene que ver con el de Sevilla. Sin embargo, existe una collación, una zona entre la gran marabunta de vehículos y personas, que parece sacada del mismo barrio de Santa Cruz. Se trata de Coyoacán. «Tiene una arquitectura clavada a la nuestra», dice Luis, al que le enamoraron las playas de Tulum, una población caribeña de Quintana Roo, uno de los estados del Distrito Federal de México. Una sensación parecida fue la que experimentó nuestra antropóloga mexicana cuando visitó, por primera vez, el parque de María Luisa. «Me encanta toda la ciudad, pero ese rincón me fascina y me atrapa. En México tenemos muy pocas zonas verdes por los que poder pasear y disfrutar de la naturaleza. Quizás, por ese motivo, me sorprendió tanto. Siempre que tengo un hueco voy a pasear entre sus senderos». Llegará el día en el que ambos tomen sus vuelos de vuelta pero, seguramente, no sean viajes definitivos. Ellos ya han hecho sus respectivas vidas en esos países a los que un día llegaron por un tiempo y de los que ya se sienten parte. Se enfrentan a un futuro «ilusionante», a un panorama al que hay que estar atento para «aprovechar todas y cada una de las oportunidades que vayan surgiendo». A ellos ya se les presentó una que ha cambiado sus vidas. Hoy, Luis, cuando contempla el pasado, no siente vértido. Para él, esta experiencia es un show «que debe continuar».

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