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"Prudencia y tolerancia son costumbres árabes que importaría"

Arabista y profesor de la Universidad de Sevilla, aquilata una larga experiencia de vivencias en países árabes y su discurso desmonta hasta el tópico más enquistado

el 05 jul 2012 / 20:14 h.

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El profesor Rafael Valencia, fotografiado ayer en el Rectorado de la Hispalense.

-¿Que iba para científico y acabó azarosamente en el estudio del árabe es una leyenda urbana sobre su persona?

-Yo no lo llamaría azarosamente. Empecé a estudiar Ingeniería Industrial en la Hispalense y de ahí me trasladé a Filosofía y Letras. Entonces pensaba especializarme en Historia del Cine, pero al final me decidí por los estudios árabes, marchando a la Universidad de Barcelona.

-Usted es miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. ¿No es esta una institución muy elevada para difundir y hacer más comprensible el mundo árabe?

-La finalidad de la Academia, desde su fundación en 1752, es "contribuir a ilustrar la historia de Sevilla y de la región andaluza". Lo árabe forma parte de esta historia, desde los tiempos de Al-Ándalus hasta las relaciones del primer andalucismo con el nacionalismo marroquí de comienzos del siglo XX o la actual cooperación de instituciones y organismos públicos y privados de Andalucía con el Mundo Árabe. El mismo fundador del arabismo contemporáneo español, Pascual de Gayangos, nacido en Sevilla, está en el movimiento ilustrado que da origen a la Academia.

-¿Tiene todavía que limar reticencias y tópicos cuando muestra abiertamente su devoción por este universo?

-Considero que los tópicos son menos de los que se suponen. Las culturas son adaptaciones a un medio que generan formas peculiares. El Coronel Lawrence, el conocido como Lawrence de Arabia, decía que no hay excusa, excepto nuestra pereza e ignorancia, para que llamemos inescrutables a los árabes.

-Imagine que alguien le pide consejo para debutar turísticamente en el mundo árabe... Supongo que Tánger, tan a la mano, no sería su primera opción ¿no?

-No es mal lugar y está próximo. Aparte de contar con una influencia común con Andalucía como es la herencia romana o bizantina. O la española de la primera parte del siglo XX durante la época del Protectorado, cuando era la urbe más internacional del Mediterráneo occidental. Tetuán forma parte de un entorno similar. En Fez hay una huella del pasado andalusí como en otras ciudades marroquíes. Damasco no resulta hoy una opción para viajar. Tremecén, en Argelia quizás sí, y uno de los referentes culturales de la ciudad sigue siendo Sidi Bumedián de Cantillana.

-Fue profesor en Bagdad al inicio de su carrera. ¿Qué ciudad conoció entonces?

-Estuve como profesor en la Universidad de Bagdad. Mi objetivo era aprender la lengua árabe y conocer su sociedad. En aquel 1977 era un país próspero que invertía los fondos generados por el petróleo en el desarrollo de los iraquíes y su bienestar cotidiano. El acceso a la presidencia del país de Saddam Hussein y el comienzo de la guerra con Irán en septiembre de 1980 truncó la vida del país. Hoy es un espacio humano destrozado social y económicamente.

-Y para llegar hasta allí orquestaba una peripecia viajera bastante particular...

-En efecto... Realicé varias veces el trayecto de Berlanga, mi pueblo de origen en Badajoz, vía Sevilla, hasta Bagdad. Sin pasar por Turquía, lo que me hacía llegar hasta Italia, desde allí en barco a Grecia y, cambiando el puerto, el del Pireo por el de Patras, hasta la costa siria. En dos ocasiones estuve también por Chipre o Creta. Aparte de poder contemplar el Golfo de Corinto en Grecia, la Acrópolis de Atenas o los templos de Delfos. Y, ya en Siria, Alepo, ciudad a la que he vuelto varias veces, Homs, Damasco o cruzar el desierto hasta Mesopotamia. Sigo creyendo que un viaje siempre es una experiencia provechosa.

-¿Qué le parece que el expresidente José María Aznar sea el único que todavía, ni abierta ni tímidamente, haya pedido perdón por su apoyo a la guerra de Irak?

-El Tercer Conflicto del Golfo, la invasión que acabó con el régimen de Saddam, fue la gota que colmó el vaso de los despropósitos. Los mismos que armaron al dictador iraquí en 1979 para que se enfrentara a Irán lo combatieron dos décadas más tarde. Igual que pasó con los talibanes de Afganistán, usados para acabar con la presencia rusa en el país. En las relaciones internacionales, como en otros muchos terrenos, considero que resulta más prudente pensar en términos de siglos y no de horas. El "teníamos un problema y lo hemos solucionado" acaba por "hemos creado otro problema mayor".

-Paseando por Sevilla... ¿cree que la ciudad conserva bien los vestigios y las huellas de su pasado como Al -Ándalus?

-Razonablemente bien. La ciudad cuenta, por ejemplo, con un conjunto como el Real Alcázar que constituye un espacio único, resultado de la milenaria historia de la ciudad y de la amalgama de influencias de origen muy diverso. El Palacio de Pedro I, residencia de un rey de Castilla que en sus muros se autodenomina sultán de Andalucía, es una de las joyas del mudéjar. Todo ello en un entorno propio de una ciudad que en los últimos dos mil años ha sido uno de los principales puertos mediterráneos, centro de actividad comercial y hogar de San Isidoro, Averroes, Melchor de Jovellanos, Antonio Machado o Pedro Salinas. Quizás sólo algunos aspectos relacionados con el agua merezcan más atención.

-Con tanta dedicación al asunto, ¿alguna vez se sintió tentado de rezar a Alá?

-Es el nombre que usan los arabófonos para referirse a Dios, sean musulmanes o cristianos. Yo he asistido a oficios de la Iglesia de Antioquía, por ejemplo, según ellos los cristianos más antiguos, que usan el griego, el arameo y el árabe. Vaya por delante que me considero creyente. Si lo que me pregunta es sobre la idea de convertirme al Islam, no.

-¿Qué costumbre o característica típicamente árabe importaría sin dudarlo a España?

-La misma que defendían los grandes personajes andalusíes: la tolerancia. O la hospitalidad, el "si vienes a casa tu serás el dueño y yo el invitado". O el tomarse tiempo para hacer las cosas porque el campo de barbecho da más grano que una rastrojera. O la prudencia porque, como dicen ellos, no debe uno pasar por este mundo con insolencia porque nunca podremos ganarle a las montañas en altura ni a los valles en profundidad.

-¿Considera a los, por ejemplo, finlandeses más pobres culturalmente por no tener huella árabe en su pasado?

-En absoluto. Las herencias culturales humanas son muy diversas. Aunque no le quepa duda de que cuanto más mestizaje asimilado, mucho mejor.

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