Cofradías

Prudentes por regla

“Nuestra estación de penitencia es a la Catedral no a la Anunciación”, afirmó el hermano mayor

el 19 abr 2011 / 19:18 h.

"Nuestra Reglas dicen que tenemos que hacer la estación de penitencia en la Catedral, no en la Anunciación. Así que si vemos que es imposible llegar a la Catedral y volver, no podemos ir". Y es que los partes meteorológicos que manejaba la hermandad de San Benito aseguraban lluvia hasta las 20 horas, lo que obligaría a la hermandad a refugiarse antes de pedir la venia en la Campana.

Manuel Bermudo pidió distintas prórrogas para tomar la decisión más dura para un hermano mayor, pero no llegó a agotar el último plazo, el de las 18 horas y pasadas las 17.30 horas bajó de la sala de reuniones de la nueva casa hermandad, subió a comunicárselo a los costaleros del palio, concentrados en la colindante casa hermandad de Valvanera, y, arropado por toda su junta de gobierno, se dirigió a la delantera del palio de la Virgen de la Encarnación, en el interior de la parroquia, para decírselo a todos los nazarenos. "Espero que sepan perdonarme", les pidió.

Un aplauso, algunos lloros, pero, sobre todo, resignación y mucha comprensión recibieron la noticia. Más difícil le resultó asimilarla al cuerpo de nazareno del paso del Cristo de la Sangre y del palio, que aguardaban en el vecino asilo de las Hermanitas de los Pobres. En el pasillo que les abrieron en la calle San Benito para que accedieran a la parroquia y, sobre todo, cuando se encontraban frente a su dolorosa rompían a llorar desconsolados.
El director espiritual de la hermandad, Manuel Luque, tuvo palabras para todos. Tras rezar la estación de penitencia, rogó a Dios por los nazarenos, sus familias, los miembros de junta, los músicos y los costaleros, "que sé el esfuerzo que hacéis y este año os iréis con el cuello limpio.

Pero el año que viene lo llevaréis con sangre", les alentó. Y así lo vio Antonio Ortiz, costalero de la Encarnación: "Son muchos días de ensayo, de llegar tarde a casa con el reparto de la papeleta de sitio, dejando de estar con mi mujer y mi hija. Es un sacrificio que hago con gusto, pero en estos momentos se te viene todo encima".

Tras el rezo de la estación con el cuerpo de nazarenos que aguardaban en las Hermanitas de los Pobres, San Benito abrió sus puertas para que las cientos de personas que permanecían bajo los paraguas en la puerta o refugiados en los portales y bajo los balcones del entorno pudieran ver sus pasos exornados e iluminados para la ocasión.

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