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PSOE e IU agotan su primer año sin avanzar en los grandes proyectos

Tras el acelerado final del anterior mandato, con la ciudad levantada por las obras, el alcalde ya avisó de sus intenciones: llegaba un periodo de calma centrado en la micropolítica. Se han desechado los plazos.

el 15 sep 2009 / 05:21 h.

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Tras el acelerado final del anterior mandato, con la ciudad levantada por las obras, el alcalde ya avisó de sus intenciones: llegaba un periodo de calma centrado en la micropolítica. Se han desechado los plazos. El resultado, un escaso balance de un año en el que no se ha materializado ninguno de los grandes proyectos.

El tercer mandato de Alfredo Sánchez Monteseirín -el segundo del pacto de progreso- ha convertido en una amplia fase de transición sus primeros 12 meses de gobierno. En un periodo sin grandes hitos -excepto la inauguración del Metrocentro, ya puesto en servicio antes de los comicios-, casi todos los proyectos simbólicos han sufrido algún revés que los ha paralizado e invalidado los plazos anunciados de finalización, en algunos casos competencia del Ayuntamiento y en otros de otra administración.

Aunque hay excepciones, el listado de iniciativas aplazadas o sin fecha ha ido creciendo con el paso de los meses: las restricciones del tráfico en el Centro, los aparcamientos disuasorios y de residentes, el plan antivandalismo, la mezquita, la Ciudad de la Justicia, la Alameda, el botellódromo, la erradicación de El Vacie, la revitalización de los polígonos industriales, la recuperación del edificio de Moneo, el II Plan de Barrios, los pasos subterráneos, los 40 kilómetros de carriles bus, la Encarnación...

Los dos socios de gobierno han rebajado la tensión en estos primeros doce meses, que se han visto salpicados por elementos externos que han condicionado el desarrollo del mandato. Éste arrancó en crisis. Nada más conformarse la Corporación, las luchas internas del PSOE derivaron en la precipitada marcha de José Antonio Viera, llamado a coordinar una de las grandes macroáreas. Este pulso de los socialistas no se quedó ahí. Ha estado presente todo el año y de hecho ha puesto punto y final a este primer ejercicio político. El alcalde y los principales dirigentes municipales centran ahora su atención en el proceso congresual que finaliza el próximo 19 de julio.

Será un punto de inflexión, el segundo de un año marcado por las elecciones generales y autonómicas del 9 de marzo. Durante varias semanas, los principales dirigentes de PSOE e IU dejaron a un lado sus cargos institucionales para centrarse en la batalla electoral, lo que abrió un periodo prácticamente en blanco del que el Ayuntamiento ha tardado en reponerse. Este proceso ha frenado iniciativas en las que deben colaborar ambas administraciones, como el Plan de Vivienda y el II Plan de Barrios.

El 9-M ha obligado al Ayuntamiento a levantar el pie en varias ocasiones, no sólo por falta de financiación, sino también para evitar conflictos que dañesen al partido. Los casos del Alcázar -el alcalde anunció el derribo de casas de San Fernando para abrir nuevos accesos- y de la mezquita de Los Bermejales -reubicada por protestas vecinales- son paradigmáticos: no era un año para decisiones polémicas o arriesgadas. Pese a esto, se han lanzado proyectos cuya ejecución está en el aire, como la segunda ampliación de Fibes -las obras de la primera acaban de empezar- y el edificio de Moneo.

Al margen de estos elementos externos, hay un problema que subyace en buena parte de los aplazamientos: no hay presupuesto. La situación no es nueva ni específica de Sevilla, pero 2008 ha sido el ejercicio más austero de los últimos años tras la inversión de la última fase del anterior mandato. El equilibrio presupuestario era complejo y los límites de la nueva Ley de Estabilidad son muy ajustados.

Se han congelado reformas de personal, planes como la descentralización en los distritos y el prometido aumento del gasto en cooperación, además de apretar el cinturón a las dos empresas municipales deficitarias. Una de ellas, Lipasam está condicionada por un plan de saneamiento. Y la otra, Tussam, a la espera de una inyección económica de la compleja operación en el Prado que sólo tiene definido uno de sus ejes: la venta del edificio municipal de Diego de Riaño.

Esta carencia no sólo ha desmontado proyectos, también ha obligado a redefinir estrategias. Varios de los aparcamientos subterráneos tuvieron que aplazarse para ajustarlos al proyecto de ampliación del Metrocentro, que requería de una línea de financiación. Tampoco ha sido posible instalar las cámaras de control de acceso de coches al Centro, proyectar los pasos subterráneos -algunos de ellos descartados por dinero y por la incapacidad de ejecutarlos-ni avanzar en los proyectos pendientes de comisarías y parques de Bomberos. De hecho, partidas destinadas a estas infraestructuras han sido desviadas a planes de movilidad en el marco del convenio del Metro.

Hay inquietud entre algunos concejales que quieren avanzar en sus iniciativas y no saben cómo. Mas todos asumen las limitaciones. No hay salidas de tono en un pacto que apenas revela grandes grietas y que se ha solidificado de tal forma que ha perdido agilidad. El pasado sábado, la Corporación se reunió en Doñana; una cita periódica pero simbólica. Hay que empezar a cerrar proyectos.

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