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Puedo ser independiente

Los síndrome de Down son más autónomos si se les deja aprender

el 11 oct 2009 / 18:43 h.

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Pablo sueña con salir de casa. Y Ariadna también. Ambos fueron a un colegio "normal", se enamoraron, crecieron y consiguieron un trabajo. Pablo y Ariadna tienen síndrome de Down. Pablo es Pablo Pineda y recibió la Concha de Planta al mejor actor en el Festival de San Sebastián y Ariadna se prepara para iniciar la aventura de su autonomía.

¿Quién es Pablo?, pregunta el periodista. "Pablo es un chico de 35 años que obtuvo la diplomatura de Magisterio y al que le quedan unas cuantas asignaturas para terminar la licenciatura de Psicopedagogía". Pablo también es Daniel, el joven sevillano que encarna en la película Yo, también y que se enamora de Laura, la mujer solitaria que interpreta Lola Dueñas y que busca poner tierra de por medio con un pasado traumático.

"Hemos reivindicado nuestras competencias cognitivas pero ya es hora de decir que tenemos sentimientos y que podemos enamorarnos", dice a Efe Pablo Pineda, que prepara unas oposiciones de administrativo al ayuntamiento de Málaga, su ciudad. Lograr un trabajo sería, reconoce, un paso fundamental para "independizarse".

Miguel López Melero, que es catedrático de la Universidad de Málaga y al que Pablo presenta como su "sombra", niega que el primer diplomado europeo con síndrome de Down sea una excepción y denuncia el "gran desconocimiento" que aún pervive en la sociedad sobre las competencias de quienes nacieron con una copia extra del cromosoma 21. "La genética marca sólo itinerarios posibles y en ningún momento determina lo que una persona va a ser, pues todo depende de la educación". Si el niño atiende, memoriza, aprende a escribir y a leer y obedece las normas sociales será autónomo, pero si los padres piensan por él, se comunican por él, no se le establecen normas y hace lo que le da la gana, será un adulto deficiente", sentencia López Melero.


El sueño de Ariadna. Ariadna empaqueta estos días sus últimas pertenencias antes de mudarse a su nuevo piso. Tiene 25 años y trabaja como auxiliar administrativo en la Generalitat de Cataluña. "Ser independiente era un sueño", señala. "Quiero demostrar que valgo para vivir sola, porque nosotros también tenemos derecho a vivir una vida normal como los demás", subraya mientras explica que, cuando comunicó a su familia su deseo de emanciparse, la primera reacción de sus padres fue preguntarle si se veía capaz.

"Les dije que sí y todos me respondieron que adelante y que siempre estarían a mi lado", relata Ariadna, que antes de ver cumplido su sueño tuvo que encontrar "un buen trabajo con un buen sueldo" y buscar piso, "una tarea nada fácil ni para mí ni para el resto de personas". La experiencia que Ariadna se prepara para iniciar en breve no es aislada. En 2000, la Federación Catalana de Síndrome de Down puso en marcha el servicio de apoyo a la vida independiente bajo la sincera denominación de "me voy a casa". Hasta entonces, una persona con discapacidad intelectual vivía toda su vida con la familia y cuando los padres faltaban la única alternativa era acceder a un servicio residencial, explica Ruf.

Hasta hace décadas, sus voces estaban acalladas y sus cuerpos vivían escondidos. Ahora, en cambio, "están presentes pero ante la sociedad tienen aún que demostrar que pueden llevar a cabo una vida como la de cualquiera de nosotros", según Ruf. El camino está lleno de interrogantes: "¿Está la sociedad éticamente madura para comprender que una chica pueda enamorarse de un síndrome de Down? ¿Se les habla como adultos o como niños grandes?"

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