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Aspace muestra a la sociedad cómo es la realidad del discapacitado

el 03 dic 2009 / 20:26 h.

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Día Internacional de Discapacitado en la Alameda deHércules.

“Ésta es mi vida”, dice Juanito con una profunda sonrisa. Él es uno de los 70 discapacitados que forman parte de la unida de día que tiene la Asociación de Parálisis Celebral de Sevilla y que han querido mostrar cómo es su vida dentro de este centro. Para ello, coincidiendo con el Día Internacional de la Discapacidad, realizaron una jornada en la que abrieron sus puertas, no sólo a todos los ciudadanos, sino también a la integración.

Su jornada comienza pronto. Sobre las ocho de la mañana un autobús los recoge cerca de sus casas, ahí comienza su aventura de cada día: conviven con sus compañeros y disfrutan de un intenso viaje. Para ellos es un momento reconfortante que no cambian por nada el mundo. “Mi hijo sólo quiere venir al centro en su autobús porque le encanta charlar con sus compañeros, con las monitoras y el conductor”, cuenta Felisa García, madre de un discapacitado que lleva 12 años en el centro. Al llegar a la asociación les reciben cada mañana un grupo de 32 trabajadores que dedican todo su tiempo a ellos. Reyes Simancas, responsable de los cuatro talleres que se realizan en el centro, asegura que este trabajo “es una vocación”. Lleva casi 20 años al servicio de los discapacitados pero reconoce que nunca deja de “aprender” de su “paciencia” y “tesón” para lograr sobreponerse a la adversidad.

La mañana en esta unidad de día se dedica a trabajar por talleres, uno dedicado a realizar cestas y otro a la informática. La superación es la clave de estos chavales y de eso sabe mucho Ramón. Este discapacitado padece una hemiplejia que sólo le permite mover uno de sus brazos. “El año pasado no podía tejer cestas y este año lo ha conseguido gracias a su trabajo”, comenta su monitora Carmen. Como Ramón son muchos los jóvenes con parálisis celebral que logran superarse cada día gracias a la labor de centros como Aspace, y es que cada canasta o cada logro es un inyección de ilusión para sus monitores. Pero no todo es trabajar en este centro. Tras disfrutar de una comida casera elaborada en el propio centro, la gran parte de la tarde la dedican a practicar deporte, y eso es algo que les fascina. De la asociación han salido auténticos campeones de boccia, una especie de petanca adaptada que se juega de forma manual o bien con unas canaletas por las que las personas con mayor discapacidad tiran las pelotas con su cuello. El eslalon es su otro deporte favorito, que practican sentados en su silla de ruedas mientras sortean una serie de obstáculos, casi los mismos que encuentran en su vida diaria, hasta llegar a la meta.

A media tarde termina la aventura de estos chavales. Toca volver a casa, donde sus familias los esperan con los brazos abiertos, y es que su sonrisa llena de vida a unos padres que sólo son felices si sus hijos lo son. El discapacitado lo es cada día de la semana, pero jornadas como ésta ayudan a normalizar una situación que es todo un ejemplo de superación para la sociedad.

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