Cultura

Punto y final con sensación de acontecimiento

Reseña del segundo de los conciertos interpretados por Javier Perianes, la Sinfónica de Sevilla y Juan Luis Pérez esta semana en el Teatro de la Maestranza con la Integral de los 'Conciertos para piano' de Beethoven.

el 12 jul 2013 / 23:13 h.

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Teatro de la Maestranza. 12 de julio. Programa: Conciertos para piano nº1 y 5, Beethoven. Intérpretes: Javier Perianes, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Luis Pérez, director. * * *

Puso anoche en pie a la ROSS antes de tiempo el Maestro Juan Luis Pérez. Lo hizo tras provocar una ovación cerrada, un espontáneo minuto de aplausos tras lamentar, a título personal, la difícil situación que atraviesa la Sinfónica, con un ERTE en ciernes. En la conclusión, y tras advertir Perianes cerrando la tapa del piano que no iba a haber –por no tener sentido– más música, el Maestranza lo abrazó puesto en pie. Lo mereció Perianes y la orquesta tras redondear en una misma semana una interpretación modélica de la integral de los Conciertos para piano de Beethoven. Alguna vez podría ser una integral de los Conciertos de Bartok –es un poner–, ya que a este paso ir al Maestranza con peluca decimonónica, monóculo y chistera va a ser lo que proceda de aquí a nada.

Disgresiones aparte, el programa arrancó con una ejemplar ejecución del Primero. Perianes consiguió una lograda amalgama de tonalidades, con tempi lógicos, un Beethoven muy estimulante, con admirables y preciosistas efectos, más maduro y alejado de sus interpretaciones de hace unos años, como si su conocimiento de los afectos de la partitura fuera ahora más certero, más pleno. Pérez hizo sonar con levedad a la Sinfónica, revistiendo el corazón de la obra con un aire camerístico muy manso y apacible.

Con la llegada del nº5 Emperador, el maestro jerezano dejó aparcados los criterios estilísticos que le habían guiado hasta ahora, deviniendo en una versión escolástica de habitual sesgo romántico. Perianes, aunque no abandonó su recreo en las sutilezas, haciendo aflorar cada más mínima esquirla de la partitura, impuso claroscuros en las transiciones y se encaminó al final en clara sinergia con una orquesta que le siguió dándole su protagónico sitio.

No se repetirá en la próxima temporada la enriquecedora experiencia de contar con un artista en residencia, como tampoco podremos disfrutar de la batuta de Juan Luis Pérez, quien por cierto propuso hace unos días a este crítico un suculento programa que alguna vez deberá hacer en este teatro, a saber, Josef Strauss, Schoenberg (Concierto para piano) y Schubert (Novena). Pero, ¡ah! estábamos con Beethoven. Dejemos descansar al genial sordo ¿no?

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