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Qué bien lo haces, líder (o lideresa)

Muchos en el PSOE echan de menos un aspirante nuevo que supusiese un cambio de verdad radical.

el 03 feb 2012 / 12:28 h.

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Marchando una de batallitas: en el verano de 2000, tras el Congreso Federal que dio contra todo pronóstico la Secretaría General del PSOE a un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, se produjo un curioso fenómeno en el socialismo sevillano: de repente todos eran de Zapatero, y no sólo eso sino que además todo el que había estado allí como delegado le había respaldado. Estabas hablando con alguno de ellos sobre lo que había ocurrido, que si vaya sorpresa, y de repente bajaba la voz y, en tono misterioso, lo confesaba.

-¿Pues sabes una cosa? Yo voté a Zapatero.
-¿Pero tú no eras de Bono?
-¿Yooooo? Anda, anda, qué cosas tienes.


En aquellos días te ponías a hacer cuentas y resultaba que José Bono, el gran favorito, sólo había contado con su voto: todos eran de Zapatero. Por estos lares hasta empezó una pugna para ver quién era el más zapaterista, porque de repente salieron algunos que lo eran de toda la vida. Más de uno se quiso apuntar el tanto de ser el primero que había respaldado al nuevo líder, por supuesto desde mucho antes del congreso. Para estas cosas no hay un aparatito que te diga cómo fue la cosa, pero sí es verdad que alguna vez Zapatero dijo que nunca olvidaría el respaldo de la gente de Dos Hermanas, con su alcalde Francisco Toscano a la cabeza, y ahí fue como surgió eso de que la localidad se convirtiese en la sede oficial de los grandes mítines socialistas. Eso sí, se desconoce si mantendrá esta condición si a Carme Chacón se le ocurre convertirse en la jefa del socialismo español, después de la dura rajada de Toscano contra la aspirante.

Porque si una cosa tiene este proceso congresual es que el personal va mucho más a pecho descubierto y está diciendo a quién apoya, no como hace 12 años, cuando casi todos lo confesaron a toro pasado y, mira por dónde, todos eran de Zapatero, por supuesto, qué bien lo hace el líder. Ahora la mayoría se ha retratado, lo que da idea de que se es consciente de lo mucho que hay en juego y que la cosa no está para tonterías, que no se puede jugar a taparse por si no gana el mío y me hace la cruz, una tendencia en la que es excepción entendible el secretario general del PSOE andaluz y presidente de la Junta, José Antonio Griñán, primero porque va a presidir el congreso que arranca hoy, pero sobre todo porque tiene unas elecciones a tiro de piedra y sería absurdo que conceda la ventaja de decir a quién apoya para que después no gane y se lleven dos meses refregándoselo por la cara y diciéndole que vaya papelón el suyo.

Lo curioso es que aquel 2000 ganó Zapatero por desconocido y precisamente es lo que ahora muchos socialistas echan de menos, una figura que suponga un cambio de verdad, una ruptura radical con todo lo anterior, un comienzo desde cero. No seré yo quien le niegue sus méritos a Alfredo Pérez Rubalcaba o Carme Chacón, pero no son pocos los que al final tienen la sensación de que son más de lo mismo. Encima a esto se le une una frase que acuñó la propia Ejecutiva Provincial sevillana cuando se debatía quién iba a suceder como candidato a alcalde a Alfredo Sánchez Monteseirín: el que ha sido parte del problema no puede ser parte de la solución. ¿Que es injusto? Puede ser, sobre todo en el caso de Rubalcaba, pero así está el patio.

Teniendo en cuenta que no hay caras nuevas, a ver cómo se sale al final de este embrollo. Lo primero sería que, gane el que gane, el PSOE cierre filas de verdad y aparque durante un cuarto de hora su tendencia al guerracivilismo, algo que -dicho sea de paso- va a ser complicadillo en Sevilla con un Congreso Provincial a la vuelta de la esquina y las heridas muy sangrantes. Decía la leyenda que los socialistas se peleaban para hacer las listas pero después eran un bloque, algo que de unos años a esta parte no se ha cumplido casi nunca. Si parte del socialismo no acepta el resultado del Congreso Federal y, tras la foto oficial de reconciliación todos con cara de póker, se lía a hacer oposición interna, el PSOE estará sacando las papeletas para llevarse muchos, pero muchos años en la oposición. Si con la que está cayendo económica y socialmente el segundo partido más importante de España se dedica más a sus tribulaciones internas que a las de la ciudadanía, estará más cerca que nunca de eso que han dado en llamar la irrelevancia, política y -lo que es peor- social.

Así que ya pueden hilar fino. Tras el Congreso Federal llegará el momento de unificar (de verdad), de cambiar el socialismo español y hacerlo (de verdad) más cercano a lo que reclama la ciudadanía y después convencerla de que la cosa va en serio, que esta vez es de verdad de la buena. Y dejarse de decirle al líder (o a la lideresa) lo bien que lo hace, que este partido se juega en la calle y no en los despachos para ver qué hay de lo mío.

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