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¡Qué de gente!

Crónica estupefacta de una tarde prenavideña de escaparates por las calles del centro de la ciudad.

el 12 dic 2010 / 20:40 h.

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Siguiendo la académica expresión del ínclito y encantadísimo de conocerse Pérez Reverte, don Arturo, en su novela Un día de cólera, el centro de Sevilla estaba este fin de semana mismamente "hasta las trancas". No es que estuviese animado, no: es que había que hacer cola para entrar en Tetuán, sin exagerar. Aquello era el V Centenario a las tres, pero en peatonal. De modo que el plusmarquista mundial de juntar a gente en la calle, Domingo de Ramos, vio triturados todos sus récords este sábado por ese advenedizo apodado Pasear sin un Duro (si hay que juzgar según el número de bolsas), cuyo poder de convocatoria no conoce precedentes ni rival por los contornos.

Además, el respetable parecía un poco trastornado, también, como contagiado del espíritu de locura a lo Lovecraft que flotaba sobre las cabezas. En un atasco humano de la calle Velázquez (un minuto parada allí toda la muchedumbre, no es mentira: sería que cerraron el carril reversible), dos paisanos de mediana edad se liaron a discutir a voz en grito las notas del toque de queda militar. Era lo que pegaba, desde luego: que entrase allí el Ejército. Pero no ocurrió, y superado el trance musical y de ese fraternal modo, codo con codo como hermanos (siameses), caminó el paisanaje como pudo entre episodios, fenómenos, razonamientos y espejismos cuya narración es la siguiente, por si quisiera usted vivir algunos en sus propias carnes:

Consideración preliminar: Ante un rótulo comercial que dice Tapizamos asientos de motos. Arreglamos tiendas de campaña..., ¿qué tercer reclamo se le ocurre? ¿Recauchutamos chubasqueros para la pesca del atún? Ahí, a la altura de ese recodo de San Juan de la Palma, la rareza de la tarde empezaba a pronosticarse por sí sola. Andando calle abajo, a manojos se veía entrar a las familias con los niños ataviados con globitos de Cajasol en el convento de las Hermanas de la Cruz para ver el impresionante cuerpo incorrupto de Santa Ángela. Que no es que no haya espectáculos más navideños para la infancia, pero no se puede hacer una idea de la magnitud de las colas para ver los belenes: como las de la Expo. Un caso especialmente desquiciado en el Salvador: una cola de trescientas mil personas para allá, esperando para entrar en el de la Hermandad del Rocío de Sevilla, y otra de doscientas mil para acá, aguardando su turno ante el de la Residencia San Juan de Dios. En el Mercantil, lo mismo. Y eso que no regalaban las figuras; sólo dejaban mirarlas y para afuera.

Pero volviendo a la calle Imagen y alrededores, ¿cabe en cabeza humana que el único trozo recién adecentado de la Encarnación esté ya hecho una escombrera? Pues si está seguro de no cabe en cabeza humana, no se pase por allí o le estallará la suya. Las losas nuevas, reventadas bajo los cascotes y la maquinaria, como en un acto de contrición urbanística. Ante semejante paisaje apocalíptico se ponía la gente tibia de calentitos en Spala, con los veladores a reventar. No acababa ahí la locura para quien tuviese pensado tirar por Puente y Pellón. ¿Sabía usted que hay allí una tienda que no es que tenga un cartel donde lo ponga, sino que se llama así: Liquidación muestrarios 50%? El letrero del escaparate no llamaba menos la atención: Relojes a 5 euros y se regalan las pilas. Unos relojes así de grandes, la mar de macizos, sí señor. Curiosísimo todo. Si las pilas son de litio o no, eso ya tendrá usted que preguntárselo a la señorita. No daba para tanto la intrepidez periodística.

Y en un balcón de la Plaza del Pan, ¿qué había? Pues una bandera de España cuyo escudo era el pulpo Paul (q.e.p.d). En conclusión, la Sevilla prenavideña está como una chota montuna. Allá usted si se pierde esta vivencia. Contada no es lo mismo. Pérez Reverte tal vez lo habría llamado Un día de cólera, pero es que la gente de fuera no lo entiende.

De escaparates:

Deportes Z:
En el de la calle Imagen, argumentando liquidación por reforma, hay ofertas interesantes. Las camisetas del Sevilla FC de temporadas anteriores no llegan a 10 euros. Y eso que eran buenas: la de partidos que ganaban con ellas.

Oro Blanco: En Puente y Pellón. Llama la atención, porque allí, entre maniquíes con trajes y corbatas, hay uno vestido de Rey Mago. A 26,28 euros lo anuncian, por si tuviese usted el gusto.

La Antigua: En la Plaza del Pan. No sabe uno qué es más bonito, si el belén inspirado en Salzillo que tienen en el escaparate (lo venden por 350 euros) o los juguetes automáticos antiguos. Hay uno que representa un hotel de montaña de los Alpes, con sus tiroleses, sus abetitos y todos sus perejiles, que es para que se le caigan dos lagrimones a aquél a quien se le regale. Una pista de patinaje sobre hielo, un circo, una marioneta de Pinocho...

Heracles: Dice que son regalos para hombres, de lo cual se deduce que un hombre no tiene otra prioridad en esta vida que calcular las coordenadas según la posición de las estrellas mientras humidifica sus puros habanos y prepara su próxima y variada timba. Naturalmente, es broma: probablemente sea una de las tiendas más bonitas de toda Sevilla, por su contenido. Tienen una gramola (480 euros) que es demoledoramente preciosa. Y un juego antiguo de La Oca... Y un teléfono de pared para comunicar con la operadora... Lo último que un atracador se llevaría de esa tienda sería el dinero. Junto al Salvador.

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