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Qué fácil es sembrar ilusión en Heliópolis y qué difícil es que el Betis siga en Primera

LA CONTRACRÓNICA. El Betis en estado puro: de repente, todo lo que era pesimismo se transforma en esperanza. Aun así, todavía necesita una hazaña para seguir en Primera.

el 28 mar 2014 / 01:16 h.

Rubén Castro, Jorge Molina y Salva Sevilla, los autores de los tres goles, en el aeropuerto de Valencia / Real Betis Rubén Castro, Jorge Molina y Salva Sevilla, los autores de los tres goles, en el aeropuerto de Valencia / Real Betis Estaba siendo otra noche camino del olvido, otro de esos partidos que sólo dejaría al bético el lamento de la enésima oportunidad perdida, pero por allí aparecieron Salva Sevilla, Jorge Molina y Rubén Castro y entre los tres, con la inestimable colaboración de Gabriel Humberto Calderón en los cambios y Vadillo por fin en plan futbolista de Primera, convirtieron un mal encuentro en la primera victoria del Betis como visitante en lo que va de Liga, que no empezó ni ayer ni anteayer, sino hace siete meses. Está por ver si más vale tarde que nunca, pero era la primera de las ocho finales que tenían los verdiblancos y aprobaron el examen. Y son ocho y no nueve porque la visita al Camp Nou, sinceramente, más vale contemplarla como jornada en blanco salvo sorpresón rompequinielas. Marcaron Salva, Molina y Rubén. Sólo faltó Nacho, que no está para muchos trotes, o para ninguno. Son los cuatro supervivientes que quedan del Betis de Segunda. Tres de ellos lograron los tres goles que de repente transforman el pesimismo de sus aficionados en optimismo, en pura esperanza. Diríase que los jugadores que sacaron las trece barras de la categoría maldita no quieren volver a ella. Diríase que a los béticos se les da un poquito de vida, nada más que un poquito, y son los más felices del mundo. En ningún otro sitio germina con tanta facilidad la semilla de la ilusión. A pesar de todo, la permanencia para el Betis suena todavía a hazaña y así deben aceptarlo los protagonitas para no confundir subidones comprensibles con absurdos excesos de euforia. Faltan 24 puntos, 21 si se quitan los tres del Camp Nou, y está a siete de la meta. Son tres partidos de desventaja, una barbaridad, pero si hace cinco años bajó en tres jornadas después de estar virtualmente salvado, por qué no va a ocurrir ahora al revés.

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