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¿Qué gusto da viajar?

¿Qué pasa cuando el tren no sale a su hora? ¿Y cuándo al llegar la maleta se ha perdido? Ahora, con los derechos del viajero, el chachachá del tren sigue siendo un gustazo.

el 21 jul 2010 / 05:52 h.

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Que levante la mano el afortunado al que nunca se le ha extraviado una maleta en el aeropuerto... Ahora, aquel que nunca ha sufrido el retraso de un vuelo o la directa suspensión del servicio de un transporte público.

Según las estadísticas -y no crea que se le pretende aburrir con unos datos según los cuales si su amigo se ha comido un pollo y usted ninguno, ambos se han comido medio pollo-, un alto número de personas (para qué decirles entonces cuál) prefiere no utilizar el transporte público.

¿Y sabe por qué? Porque durante la propuesta anterior que pretendía ver alzadas manos bienaventuradas, ha habido más dedos que han quedado resguardados en los bolsillos que tocando el aire.

Parece como si el viajero rehuyera de hacer reclamaciones por los malos servicios públicos prestados y prefiriera prestarse a sí mismo el peor de los servicios: ser su conductor durante horas mientras el hijo le pide que suba "ese temazo de reggaeton" y la hija no para de preguntar si "queda mucho" -cuestión inimaginable en la mente fascinada de una niña de ocho años que monta en tren o en avión-.

Actualmente, los incumplimientos de los horarios o las pérdidas de equipaje, que son los mayores problemas sufridos por los usuarios de transportes públicos, no deben convertir el soñado viaje en la peor de las pesadillas veraniegas: en vez de ir de barra en barra pidiendo más cerveza, ir de ventanilla en ventanilla reclamando explicaciones.

La normativa y la jurisprudencia defienden cada vez más los derechos del viajero, esos que determinan que, si éste ha pagado el billete, el transportista debe trasladarle a él y a sus bienes en las condiciones de comodidad y rapidez pactadas, y por supuesto sin sufrir daños. Suponiendo que no ocurriera así, y que por tanto se diera un incumplimiento o cumplimiento defectuoso por parte del transportista, usted, viajero, deberá ser indemnizado (aunque tanto la indemnización como el procedimiento de reclamación varían según el transporte).

Así, en el transporte ferroviario, por ejemplo, si su equipaje se ha perdido o simplemente ha sufrido deterioro, podrá requerir a la empresa prestadora del servicio 12,02 euros por kilo, con independencia de su valor económico real.

Claro, y ahora usted se estará preguntado: "¿Y si mi maleta porta el vestido que Audrey Hepburn lució en el film Desayuno con diamantes y que yo adquirí en subasta por la modesta cantidad de 700.500 euros?" En ese improbable caso, puede contratar un seguro complementario con el que exigir el importe en el que haya valorado su valioso y cotizado equipaje. Además, y aunque algunas empresas ferroviarias se empeñen en divulgar lo contrario, existe el derecho a la anulación del billete siempre y cuando tenga lugar antes de las dos horas del inicio del viaje.

De este modo, la devolución del importe del billete que corresponde al usuario será del 90% si se produce antes de las 48 horas del inicio del viaje, y del 80% si se da entre las 48 horas y las dos horas anteriores a la partida. Como seguro usted bien sabe, el transporte más conflictivo es el aéreo.

En él, hay indemnizaciones previstas para la cancelación o los retrasos de los vuelos, los problemas con el equipaje, y hasta para el overbooking. No obstante, a diferencia de lo que ocurre en el ferroviario, la cuantía de dichos pagos varía según la magnitud del problema, la distancia del vuelo o las horas durante las que se ha dejado las cervicales durmiendo en los bancos de espera.

Y más espera... En caso de esperar demasiado, que suele ser así, tiene derecho a dirigir sus quejas a la compañía aérea (si contrató sólo el vuelo), o a las agencias de viajes. Además, también puede usar las hojas de reclamaciones de AENA, y si se le ha perdido la maleta, el Parte de Irregularidad de Equipajes sirven al derecho que usted tiene a que esta incidencia no ocurra.

Si con todo, nadie le ofrece una solución, puede acudir a la Dirección General de Aviación Civil, y si aún así nadie atiende a sus razones, acuda a los tribunales a reclamar lo suyo: la maleta y el derecho. No hace falta decir que el viajero también tiene deberes. No fumar en los vehículos, o reunir las condiciones mínimas de higiene necesarias para evitar incomodidad "o riesgo" (eso dice el artículo) a otros usuarios, son sólo algunos. Porque puede haberlo: la cebolla causa el lagrimeo, y si el piloto no ve, hay accidente...

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