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¿Qué ha pasado?

Por fin se celebraron las elecciones, y hay que felicitar al PSOE por su triunfo en las mismas. Un éxito que no ha sido fácil dada la dureza de la legislatura y la posterior campaña.

el 15 sep 2009 / 01:46 h.

Por fin se celebraron las elecciones, y hay que felicitar al PSOE por su triunfo en las mismas. Un éxito que no ha sido fácil dada la dureza de la legislatura y la posterior campaña, en las que el principal partido de la oposición ha intentado desatar todos los miedos y fantasmas posibles a fin de amedrentar al electorado; actitud contestada, de otro lado, por el partido ganador, que también ha aportado su dosis de recelos y desconfianza al avance de una derecha a la que, en más de una ocasión, ha calificado de extrema. Este panorama nos puede hacer creer que hemos asistido a unas elecciones muy ideologizadas, en la medida que en la misma se debatían grandes temas. En efecto, si echamos una mirada hacia atrás, comprobamos que el debate se ha suscitado en torno a la estructura del Estado, protagonizado por la conocida frase de España se rompe; por la utilización torticera que se ha hecho del mayor atentado de la historia reciente de España; por el cuestionamiento de la justicia con el TC y el CGPJ como cabezas de turco de un intento de controlar a la justicia; por el intento de manipulación de las víctimas del terrorismo en un asunto, éste del terrorismo, que debe ser de Estado. Y así muchos más asuntos que afectan a la organización política como base de la convivencia democrática, y que podrían hacernos creer que son los que han pesado sobre los electores a la hora de depositar su voto. Sin embargo, desde este planteamiento llama la atención, no que el PSOE haya ganado, sino que el PP haya obtenido 154 escaños. ¿Es tan conservadora la sociedad española que ha apoyado con más de 10 millones de votos una concepción a veces tan devastadora del modelo democrático?

Quizás lo que esté ocurriendo sea algo muy diferente: la desideologización de esta sociedad, que se acusa en mayor medida en las capas urbanas, las que han accedido a un cierto nivel de bienestar que no quieren ver amenazado por problemas que sólo otean desde muy lejos. De tal forma que se ha empequeñecido el mundo de las preocupaciones de los ciudadanos, y que en los tiempos que corren se circunscriben esencialmente a cuestiones económicas, a cómo les va a repercutir la llamada desaceleración o la pretendida crisis, en una especie de sálvase quién pueda, esperando que los costes sociales les sean lo menos posibles si es que algunos tienen que asumir. Si ello es así, malos tiempos vienen para la el avance de una sociedad que aún tiene que dar pasos importantes para la construcción de una ciudadanía plena.

Porque en todo esto debemos pensar qué va a pasar con la necesaria ley de plazos sobre el aborto, sobre las medidas de apoyo a las mujeres, pues aún está en el TC el recurso contra la ley andaluza que consagra las listas cremalleras, cómo se va a abordar el derecho a morir dignamente, o la investigación biomédica, considerada pecado por la Iglesia Católica, o con la política de inmigración o con el desarrollo estatutario, entre otros temas. Ante esto se debe emplear mucha pedagogía política, contribuir a la formación de un pensamiento que dé cuerpo y fondo a la construcción de la democracia, deshacer la idea de que el poder es sólo una estrategia de supervivencia... y transmitir, sobre todo transmitir, que sólo las sociedades igualitarias y de progreso son las que avanzan incluso en esa pequeña economía que de seguro va a dominar nuestras vidas.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

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