Cultura

¿Qué hay más allá del paisaje?

Una exposición en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo reflexiona sobre nuestro entorno físico más inmediato.

el 28 nov 2014 / 16:00 h.

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La exposición La construcción social del paisaje puede verse en el CAAC hasta el 29 de marzo. / Pepo Herrera La exposición La construcción social del paisaje puede verse en el CAAC hasta el 29 de marzo. / Pepo Herrera

El título de la recién inaugurada exposición (visitable hasta el 29 de marzo) del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), La construcción social del paisaje, se debe a un ensayo de Joan Nogué, quien afirma que el paisaje «puede interpretarse como un producto social, como el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza y como la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado», de modo que «no solo nos muestra cómo es el mundo, sino que también es una construcción, una forma de verlo».

Y tantas formas de verlo hay, como mínimo, como artistas reunidos bajo el cuidado de la comisaria Yolanda Torrubia: 42 nombres, responsables de más de 160 obras realizadas en las más diversas técnicas, procedentes de los fondos del CAAC como de la colección DKV y de la Nueva Colección Pilar Citoler. Todos ellas plantean una reflexión sobre el acercamiento a la naturaleza, la intervención del hombre en ella y sus consecuencias, la memoria como elemento fundamental en su construcción, la ciudad posmoderna y su periferia de límites indefinidos, así como la ruina, el abandono o la estética de lo degradado. Entre las propuestas seleccionadas, destacan algunas con un claro propósito de denuncia, como es el caso de la caja de luz de Daniel Canogar titulada Marea, contra los vertidos en el Pacífico; o la serie de viñetas del dibujante Miguel Brieva que abordan los abusos urbanísticos; o las fotografías de Sergio Belinchón sobre los decorados de spaguetti-western levantados en el desierto de Almería. O las obras de Jorge Yeregui que protestan contra el exceso de señalización en nuestros parques naturales.

Otros mensajes quieren ser más sutiles, aunque no resultan menos potentes. Es el caso de Eduardo Nave, que retrata la playa donde se produjo el desembarco de Normandía como un remanso de paz, en contraste con la violencia que se desató en su día. Rosell Meseguer, por su parte, muestra en su serie OVNI archive, donde hace una peculiar lectura de la guerra fría jugando con metáforas de informaciones secretas que tal vez no lleguen a ser reveladas nunca públicamente.

Mientras Bleda y Rosa rastrean lugares que alguna vez fueron ciudades en la Antigüedad y hoy muestran un aspecto muy diferente, como sus instantáneas de Guardamar del Segura, Olivo Barbieri trabaja con vistas aéreas desde helicóptero para representar ciudades como si fueran maquetas, logrando efectos sorprendentes. Como sorprendentes son los tratamientos digitales de Dionisio González. En este caso, mostrando una bahía de Halong, en la que introduce construcciones futuristas para explicar la presencia de habitantes humanos en un medio natural único.

También vemos, claro está, paisaje pictórico, aunque los enfoques de autores como Salomé del Campo, Alfonso Albacete o Santiago Giralda llevan a menudo estos lugares a los límites de la abstracción, o buscan inesperadas vueltas de tuerca huyendo de lo convencional. También lo hace Lara Almárcegui trabajando con imágenes del fallido festival de jardines de Liverpool, donde la vegetación silvestre se ha confundido con aquella que quería ser el colmo del refinamiento y el buen gusto.

De la habitación vegetal de Cristina Iglesias pasamos a la serie fotográfica de Leandro Katz, donde pueden compararse determinados rincones de la selva de Guatemala de antaño con su aspecto actual. En una línea afín, Xabier Rivas exhibe unas ruinas mayas completamente cubiertas de maleza, metáfora del triunfo de la Naturaleza sobre las construcciones humanas.

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