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¿Qué hubiera pasado si...?

La prostitución es una forma de violencia hacia las mujeres, tanto física como psicológica, y constituye una violación de los Derechos Humanos. Así se recoge en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de la Asamblea general de la ONU 23/271994 que en su artículo 1 dice...

el 15 sep 2009 / 11:09 h.

La prostitución es una forma de violencia hacia las mujeres, tanto física como psicológica, y constituye una violación de los Derechos Humanos. Así se recoge en la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de la Asamblea general de la ONU 23/271994 que en su artículo 1 dice:" por violencia contra la mujer se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como privada e incluida(...) la explotación sexual."

El trabajo cotidiano que se realiza con las mujeres que se encuentran en contexto de prostitución desde el año 1990, nos avala cuando decimos que es una de las manifestaciones más crueles de la violencia de género.

La imagen que muchas veces se da de la prostitución falsea su verdadera realidad, su sórdido trasfondo.

No olvidemos que el proxenetismo es el segundo negocio más importante del crimen organizado a nivel mundial. Se baraja, porque es imposible saberlo con exactitud, que el consumo sexual genera a los proxenetas (ese es su nombre y no empresarios) más de 18.000 millones de euros al año solo en España.

Se da la circunstancia de que la mayoría de las mujeres en prostitución provienen de graves situaciones de exclusión social: más de 85% son inmigrantes que proceden de países con menos oportunidades y más desfavorecidos.

En nuestro país, cerca de un millón de hombres acuden al mercado prostitucional todos los días. Hagan las cuentas, si el 85% son inmigrantes y un alto porcentaje han sido inducidas, engañadas, extorsionadas...les aseguro que en más de una ocasión esos hombres que mal llamamos "clientes" contribuyen con su dinero a perpetuar esta violencia.

Por otro lado, la existencia de la prostitución influye sobre el conjunto de la sociedad. El hecho de permitir que se prostituya a una mujer repercute muy negativamente en la imagen social de todas las mujeres, en la medida en que son percibidas como objetos que se pueden comprar, vender o alquilar por otras personas.

La presencia de la prostitución en una sociedad también afecta al género masculino, no sólo porque denigra y reduce al hombre a un ser que se rige por sus necesidades sexuales "instintivas", que responden a un supuesto impulso natural e incontrolable, sino también porque acudir a una mujer en prostitución favorece una serie de actitudes masculinas de cierto "derecho" sobre la mujer.

Todo esto fomenta una sociedad que mantiene y acepta una serie de conductas violentas de un ser humano sobre otro sin que nadie se alarme por ello, simplemente porque uno paga a otro. Esta tolerancia social y los mensajes que trivializan la prostitución son asimilados por niños/as y jóvenes que llegan a considerarla como un trabajo, o incluso, a convertirse en potenciales mujeres víctimas de prostitución u hombres consumidores de la misma.

Desde el Centro de Atención a la Mujer "Leonor Dávalos", durante los meses de enero y febrero de 2006, con el objeto de conocer las diferentes medios de comunicación que ofertaban publicidad de prostitución en la ciudad de Sevilla, se realizó un Estudio sobre la Publicidad de la Prostitución en la Ciudad de Sevilla, donde se recogían datos de tipo cuantitativos (nº de anuncios, horas en que se anuncia, programas o secciones en los que se anuncia,...) y cualitativos (cómo se anuncia la publicidad de la prostitución, quién la anuncia, a través de qué mensajes y códigos, referentes simbólicos,...).

Las conclusiones de este estudio nos llevó a comprobar lo fácil que es publicitar esta forma de violencia de género en la ciudad de Sevilla, conocer los emplazamientos donde están ubicados y la necesidad que tenemos de contrarrestar, en la medida de nuestras posibilidades, este tipo de publicidad.

Es, por tanto, obligación de los poderes públicos articular, desde sus respectivos ámbitos, cuantas medidas sean necesarias para luchar contra esta forma de violencia.

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