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¡Que llamo a seguridad!

Conocidos por el nombre que les chirría, seguratas, siempre están atentos para resolver cualquier imprevisto. Son los vigilantes de seguridad privada.

el 07 may 2011 / 20:47 h.

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Las casetas de la Feria, controladas por vigilantes de seguridad.

No son policías, pero en muchas ocasiones se juegan el tipo como si lo fuesen. Los puede ver en estado de alerta y siempre atentos en centros comerciales, tiendas, centros de salud, y en estos días también en la Feria. Algunos lo son por vocación y otros por necesidad. Bien lo sabe Raúl Tenorio, un joven de 29 años. Su profesión, la de soldador, pero en Feria ha cambiado el soplete por el uniforme de segurata, y es que "hay que adaptarse a todo". En su primera experiencia como vigilante de seguridad privada espera "que sea una feria tranquila".

Otro que se ha visto empujado por la crisis es J.B (prefiere no dar su nombre, por si las moscas) tiene 37 años y vive en Montequinto. Llevaba cinco años fuera del sector de seguridad. A su regreso se ha dado cuenta "de la mala situación de los vigilantes de seguridad en España". Dice que están "muy infravalorados, y tienen unas condiciones de trabajo pésimas". Y para colmo, "en los 90, el Estado anuló el carácter de autoridad con lo que es realmente complicado desarrollar nuestra labor", sentencia indignado.

Pero como en todo, siempre hay un lado malo y uno bueno, o más bien gracioso. Recuerda que una vez vio a través de las cámaras de seguridad a un matrimonio de unos cincuenta años y de aspecto impoluto, en la zona de alimentación. Ocultaban entre sus ropas unos packs para hacer un guiso de fabes. Hasta aquí un hurto más. ¡Pero atención! Al intervenirlos, confesaron que se trataba de "una apuesta que hacían entre varias parejas de clase social alta para ver si eran capaces de hacer algo así". ¡Y pensar que estas cosas solo se ven en la tele! Una vida muy aburrida tendrían que llevar para darle emoción de esta manera. Tras identificarlos, se fueron tan pachos en su Mercedes descapotable.

Francisco, de 35 años, lleva dos años trabajando en esta profesión. Este vecino de Alcalá de Guadaíra había estado anteriormente en el ejército y ocupado en labores de mantenimiento. Actualmente está cumpliendo su labor como vigilante en un centro de salud en Torreblanca. Un lugar para ganarse el sueldo, pero que es complicado en ocasiones. En ese centro de salud ha tenido que hacer frente a pacientes a los que les ha dado "por agredir a los médicos". Un mundo de locos este.

Aunque afortunadamente no se producen continuamente esos altercados, Francisco asegura que es una profesión en la exigen mucho y se gana poco. "Con el uniforme cobro lo mismo en cualquier sitio. Si me lo quito, gano tres veces más, como cualquier portero de discoteca". Ahí queda eso.

¿Y a quién se dirigen cuando les asalta una duda tipo: dónde está el baño, a qué hora cierran? Pues al vigilante de seguridad de turno. Así que además de controlar que todo esté en orden también ejercen como sabios informadores. "Ayudamos a la gente en todo lo que esté en nuestra mano", dice Pedro Gallardo, un vigilante de seguridad que carga con más de 25 años de servicio y dice estar encantado con su profesión. Ha trabajado en infinidad de sitios: vigilante en el aeropuerto, en tiendas de grandes superficies, y ahora en una obra de un edificio próximo a la Feria. "En tantos años ya te puedes imaginar la de cosas que me han pasado", cuenta Pedro. Entre risas rememora uno de sus momentos más divertidos trabajando en una tienda. "Me avisan de que un hombre con cara de pocos amigos ha robado una chaqueta, y ni corto ni perezoso le perseguí y el hombre corrió asustado. Al final ni se dio cuenta de que había perdido su botín: yo mismo había agarrado la prenda que él llevaba debajo de la axila", relata el vigilante. El de vigilante parece un trabajo tranquilo, pero requiere de mucho esfuerzo.

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