Economía

Que lluevan embalses y pozos

El recorte de agua para el riego agrícola anunciado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha tenido en Los Palacios y Villafranca un impacto diverso, según la necesidad de agua que cada cual arrastra.

el 14 sep 2009 / 23:28 h.

El recorte de agua para el riego agrícola anunciado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha tenido en Los Palacios y Villafranca un impacto diverso, según la necesidad de agua que cada cual arrastra de esta eternizada sequía.

Los agricultores de invernaderos, que cuentan con pozos y poca información, no parecen tan alarmados. Los arroceros, en cambio, ya consideran el peligro en toda su dimensión.

El anuncio que hizo el pasado miércoles el presidente de la CHG, Francisco Tapia, de que sólo podrían desembalsarse 300 hectómetros cúbicos de agua para riego en la cuenca, ha empezado a levantar miedos en la provincia de Sevilla. En un pueblo como Los Palacios y Villafranca (36.000 habitantes), marismeño y de campiña a la vez, el impacto de esta necesidad de un diluvio se ha tomado, sin embargo, con actitudes dispares, pues mientras los pequeños agricultores con invernaderos, frutales o viñedos no se sienten especialmente alarmados aún, entre los arroceros, que se vienen jugando mucho más desde hace años, el pánico ya se ha desatado.

Éstos, además, más informados de la ruina agraria que podría precipitarse si sigue sin llover, no disponen de una diversidad de cultivo tal y como en la que trabajan muchos de los 1.500 socios de la mayor cooperativa del pueblo, Nuestra Señora de las Nieves, cuyo presidente, Antonio Escalera, confía en que "lloverá". "Si continúa la sequía y no nos dan agua", comenta entre bromas y veras en los círculos arroceros de este municipio del Bajo Guadalquivir, "nos tendremos que ir al paro".

Aunque el 80% de los cultivos palaciegos necesita riego, muchos de ellos no se sienten inminentemente amenazados porque sus dueños cuentan con riego por goteo y pozos particulares, lo que en más de una ocasión los ha librado de grandes aprietos. En esta situación se encuentran varios centenares de agricultores que siembran en sus invernaderos tomates y calabacines, fundamentalmente.

Muchos de ellos, además, cuentan también con la reserva cada vez menos eficiente de árboles frutales, a los que una severa sequía, no obstante, sí afectaría, y no sólo para la cosecha de este año, sino para siempre, pues sus raíces, al contrario de las de las cepas, profundizan poco.

Según el presidente de Las Nieves, con el agua retenida actualmente en el canal del Bajo Guadalquivir, "tenemos para regar con cuidado durante dos semanas por lo menos". Por otra parte, las balsas suponen también un remedio, siempre que llueva algo, claro. "Con que llueva una vez, prácticamente, tenemos agua acumulada para un mes", dice Escalera confiado.

Precisamente embalses es lo que reclaman los arroceros, que llevan varios años reduciendo el porcentaje de siembra por falta de agua. "Lo que tienen que hacer es más embalses", reclama preocupado José Beltrán, dueño, junto a sus dos hermanos, de 300 hectáreas de arroz en al marisma.

Según este experimentado agricultor, que llegó con su padre a estas tierras en 1954, "la cosa está muy fea". Con eso lo dice todo, aunque añade: "Hace dos años sembramos el 75%; el año pasado, el 50%... Y los gastos son siempre los mismos o más: 300 euros por hectárea sólo en derrama".

En efecto, los gastos están garantizados dos semanas después de haber sembrado, si siembran, el mes que viene, pues los abonos, por ejemplo, se echan primero. "Nos arriesgamos a perderlo todo", se lamenta, pues sabe que esta vez será necesario sembrar menos de la mitad y los 300 hectómetros cúbicos de los que habla la CHG son sólo la cuarta parte del agua que se desembalsa en un año normal.

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