Cultura

Que se lo cuenten a la ministra

Un paupérrimo y decepcionante espectáculo cerró la feria de San Miguel.

el 27 sep 2010 / 08:47 h.

FICHA TÉCNICA

Ganado: Por orden de salida se lidiaron: un ejemplar inválido de Hermanos Sampedro; un sobrero sin fuerzas de Gavira; un toro algo más potable de Hermanos Sampedro; un sobrero rebrincado y deslucido de Hermanos Sampedro; un morucho, sobrero, ilidiable de Gavira; y un manso rebrincado de Zalduendo.

Toreros: Morante de la Puebla, de verde inglés con cordoncillo blanco, silencio en ambos.

Julián López El Juli, de azul Negritos y oro, silencio y silencio.

Alfonso Oliva Soto, de azul pavo y oro, ovación y ovación.

Incidencias: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde espléndida. Oliva Soto sustituyó a Manzanares, convalenciente de una grave lesión de tendones en su mano izquierda.

El cartel había despertado una gran expectación desde que fue presentado en el mes de febrero. Los resultados de la Feria de Abril lo revalorizaron aún más y la cotización había ido creciendo a la vez que Morante, El Juli y Manzanares se iban convirtiendo en los tres tenores de esta temporada que ya anda tocando retirada. El resto ya es historia: la inoportuna lesión de Manzanares privó al evento de uno de sus alicientes aunque regalaba a Alfonso Oliva Soto una valiosa oportunidad para reivindicarse.

Pero lo que se había anunciado, vendido, cobrado y publicitado como una auténtica cumbre del toreo se hundió en el fango más oscuro por culpa de los propios actores del invento. Y aquí no se libra nadie. Si ya se comentaba desde hace meses que la de Zalduendo -con una pésima temporada a la espaldas- no era la corrida más indicada para un espectáculo que se presumía de primer nivel, el mosqueo subió de tono cuando se supo que el encierro había sido remendado con dos toros de Hermanos Sampedro. A la postre, de los cuatro galafates que logró enchiquerar Fernando Domecq sólo se lidió un ejemplar en medio del increíble pasotismo del público que abarrotaba la plaza de Sevilla. Se tenía que haber armado la marimorena pero, al final, tenemos lo que nos merecemos. Los toreros son los primeros que, en el pecado, llevan la penitencia. Y ahora que se lo cuenten a la señora González Sinde si por fin se digna a recibir al senado de la torería andante.

Y la verdad es que no merece la pena extenderse demasiado en contar un espectáculo que no fue tal. La engañifa comenzó con un ejemplar inválido de Hermanos Sampedro que no logró despeinar más de la cuenta a Morante de la Puebla, que se fue a por la espada en cuanto se apercibió del panorama. Quiso mucho más con el cuarto de la tarde, un sobrero del mismo hierro, rebrincado y deslucido, que se acabó defendiendo. Con dos o tres apuntes, y viendo que el bicho andaba a la defensiva, le quitó las moscas y aquí paz y después gloria.

El Juli no tuvo enemigo enfrente, pero desde su condición de primerísima figura no debió consentir nunca este desaguisado. Al claudicante sobrero de Gavira que hizo segundo sólo pudo matarlo dignamente después de comprobar que se le había acabado la gasolina. Lo que sí causó estupor fue verlo sorteando el calamocheo del tercer sobrero, un auténtico morucho que salió en quinto lugar. Con aire y pelo de cruzado, resultó imposible para el toreo formal. El petardo ya estaba más que consumado.

Como suele ocurrir en estos casos, la suerte -relativa- fue para el que más la necesitaba. Oliva Soto sorteó los dos toros menos malos del batiburrillo ganadero que ayer saltó al ruedo de la Maestranza y pudo mostrar retazos de ritmo y pellizco, chispazos alislados de ese toreo con tanto poder de transmisión al que sólo le falta un mayor oficio para ser rentabilizado. Quizá le faltó administrar mejor la escasa duración del tercero, al que no se le podía dejar parar. Con el sexto, el único de Zalduendo, volvió a brillar en el inicio antes de que se aplomara.

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