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Qué tiempos aquellos de la cabra

Mañana hace dos años del teletipo con el que Griñán despachó la candidatura de Monteseirín.

el 02 mar 2012 / 10:58 h.

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Ocurrió tal día como mañana de hace ya dos años, pocas veces el inicio de un cambio de ciclo puede situarse con tanta exactitud. Es verdad que ya había señales internas, rumores, un primer choque indisimulado, pero uno de los hitos que simbolizan el principio del fin del PSOE sevillano y andaluz, ese patio casi arrasado que ahora nos parece tan normal, llegó en forma de humilde teletipo aquel 3 de marzo de 2010: Alfredo Sánchez Monteseirín no va a repetir como candidato a alcalde por el PSOE. Lo decía José Antonio Griñán, que no llevaba ni un año como presidente de la Junta y que ya había lanzado los tanques a la calle para ser nombrado secretario general de los socialistas andaluces, lo que consiguió 10 días después en un congreso extraordinario en el que Susana Díaz se coronó como secretaria de Organización. Por el camino quedó buena parte de la relación personal entre el propio Griñán y Manuel Chaves y un partido al que empezaban a saltarle las costuras, aunque todavía no de manera escandalosa.

Pero bueno, a lo que íbamos, que el carpetazo a Monteseirín llegó vía teletipo, una forma poco solemne y no muy honrosa, la verdad, de decirle adiós al que había sido alcalde desde 1999. Y porque entonces estábamos en los albores de Twitter, que si no Griñán igual lo hubiese lanzado en menos de 140 caracteres y tan pancho. Las formas fueron un horror, propia de un partido que entonces estaba en la cima del mundo y le resbalaba casi todo, y ahí es donde entra en acción la teoría de la cabra.Cuenta la leyenda que la ocurrencia fue de Alfonso Guerra en aquel PSOE de los años 80 de mayorías absolutas siderales, cuando lo ganaban todo con la gorra hasta el punto de que el por entonces vicepresidente vino a decir que daba igual a quién pusieran como cabeza de lista, que la marca PSOE tenía tanta fuerza que si colocaban a una cabra la gente iba a votar a la susodicha. Pues una cosa parecida ocurrió entonces, el PSOE estaba tan en racha que acabó creyendo que ganaba los partidos sin bajarse del autobús. Muchos actuaban con ese puntito de prepotencia que da la sensación de poder absoluto, lo que llevó a una política de partido de tierra quemada impulsada por la ilusión de que estábamos en un momento cabra. El PSOE se cargó a los críticos en aquel congreso regional y después descabezó cualquier intento de que Monteseirín dejase a su heredero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Eso le pasó por crítico, al mismo Monteseirín que en 1999 fue el candidato oficialista del partido tras ganarle las primarias a un José Rodríguez de la Borbolla que se había puesto contestón y tenía un acusado déficit de ese mismo oficialismo tan valioso para sobrevivir.

En esas estábamos de lucha interior, como los poetas atormentados, cuando poco después José Luis Rodríguez Zapatero llegó aquel 12 de mayo de 2010 al Congreso y nos despertó a empujones de nuestro letargo del bienestar. En unos minutos le recortó derechos a todo lo que se meneaba, obligado por una crisis que se lo comió vivo y que se quedó a vivir con nosotros. La principal producción nacional pasó a ser desde entonces la de parados, con lo que se vino abajo el espejismo de que la cosa tampoco era tan dura y, de paso, también el sueño de la cabra.

Dos años después, la crisis es como un Everest que no se termina de escalar, un erial recargado con un paro incesante y adobado en Andalucía con el famoso escándalo de los ERE, que tanto ha hecho por las siglas del PP. De aquel partido orgulloso, de aquel PSOE pelín prepotente con los suyos, se ha pasado a otro que hace la ola cuando las encuestas le dicen que pierde las elecciones autonómicas por 7,5 puntos de diferencia. Lo curioso es que se pueda esperar un resultado distinto si se sigue haciendo lo mismo, lo sorprendente es que alguien se sorprenda de que las cosas no cambien. Los socialistas han estado la mar de entretenidos despellejándose por cualquier motivo, y cuando han espabilado se han encontrado con que en un mes tienen la tercera entrega del tsunami que ya les ha arrancado de ayuntamientos y del Gobierno central.Aquel teletipo de 2010 no fue la causa del mal, pero tuvo el efecto del golpe que se le da a un avispero para que salgan las inquilinas con un cabreo de narices. Chaves y Griñán ya se habían tirado los trastos a la cabeza, de acuerdo, pero aquella noticia fue una especie de kilómetro cero de la desgracia socialista, que es como la crisis, parece que nunca se acaba. Y no lo digo por Juan Espadas, que poca parte tuvo en todo aquello y bastante tiene ahora con lo suyo (y con los suyos). Dicen que hubo tiempos en los que ganaba una cabra, pero ahora lo que hay es que estar como una cabra para presentarte como candidato para que te partan la cara en tres tiempos. Y encima hay Twitter, para pregonarlo al momento.

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