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Queipo, sin medalla y sin mito

La mejor escuela historiográfica de la Universidad Hispalense ha desmontado en un pispas los cuentos chinos que se venían repitiendo durante la Dictadura sobre el general Gonzalo Queipo de Llano, entre otros sus cualidades como estratega para controlar Sevilla en menos de tres días de julio con poco más que un camión de moros.

el 15 sep 2009 / 08:28 h.

La mejor escuela historiográfica de la Universidad Hispalense ha desmontado en un pispas los cuentos chinos que se venían repitiendo durante la Dictadura sobre el general Gonzalo Queipo de Llano, entre otros sus cualidades como estratega para controlar Sevilla en menos de tres días de julio con poco más que un camión de moros. Tan falso como que sus alocuciones a través de los micrófonos de Unión Radio actuaran como el bálsamo sobre las derechas andaluzas que, según esa estúpida leyenda, se consolaban oyendo la radio tapados con una manta para no ser advertidos por los vecinos.

Este generalote fanfarrón, maleducado y traidor a casi todo, que se pronunció en el patio del cuartel de la Gavidia al grito de viva la República, ha alimentado durante décadas el mito del ardor guerrero y del valor se le supone por la exclusiva razón de que estaba prohibido llevarle la contraria a quienes aireaban tal atajo de sandeces. Los más rigurosos historiadores, de los que hoy tenemos en Sevilla una nutrida pléyade, nos acercan la figura de Queipo como un militar elemental, nada cultivado, cruel en sus métodos y contrario a cualquier sistema que no fuera el espadón.

De ahí que el acuerdo unánime del plano municipal de retirarle los honores que Sevilla le concedió en su día sea un acto de justicia a la luz de la veracidad histórica. Con esta decisión el PP local, que con tanto acierto dirige Juan Ignacio Zoido, cabeza de la lista más votada en las últimas municipales, da un nuevo paso, y de enorme significado, hacia el centro político que sinceramente persiguen Rajoy y Arenas.

El Partido Popular lo ha dicho claramente por boca de Soraya Sáenz de Santamaría al ser acusado el grupo por la vicepresidenta del Gobierno de tics franquistas. "Pero qué me cuenta su señoría -le replicó la portavoz popular-: si yo ni siquiera había nacido". Y es que los socialistas tendrán que cambiar ese discurso porque está fuera de toda duda que ni el PP es heredero del Movimiento Nacional ni sus diputados y militantes tienen nada que ver con los trogloditas de aquel régimen fenecido. Si faltaba algo para el duro, ahí está el ejemplo de Sevilla.

En democracia se puede y se debe debatir sobre todo. A unos les parecerá que tras las elecciones de febrero del 36 el Gobierno perdió el control de la calle, y otros opinarán que todo fue causa de la provocación de las derechas. Discútase, incluso acaloradamente. Pero nadie ose justificar el golpe de Estado del 18 de julio contra un Gobierno, seguramente equivocado e incapaz, pero legítimamente constituido, porque ya no van quedando españolitos que se traguen esa píldora. Ningún demócrata puede tener un renuncio en cuestión tan fundamental. Franco, Mola, Sanjurjo Queipo, y la mitad del Ejército se pusieron contra el orden constitucional. Por eso debemos agradecer a Antonio Rodrigo Torrijos su propuesta de deshabilitar de los honores el general felón y al conjunto de los concejales su aceptación unánime de la moción.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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