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Queipo ya no vive aquí

Un dictador que gobernó España tras dar un golpe de estado, un cardenal que por poco no se carga la Semana Santa, un alborotador que acabó de presidente. La lista de hijos adoptivos de Sevilla se ha librado del fascista Queipo de Llano, pero eso no significa que se haya quedado como una patena.

el 15 sep 2009 / 08:43 h.

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Un dictador que gobernó España tras dar un golpe de estado, un cardenal que por poco no se carga la Semana Santa, un alborotador que acabó de presidente... la lista de hijos adoptivos de Sevilla se ha quitado de encima al fascista Queipo de Llano, pero eso no significa que se haya quedado como una patena.

Artistas, escritores, nobles y curas se pasean por el listado municipal con la misma galanura y similar jactancia con que otrora lo hicieran por la calle Placentines. La nómina de los forasteros oficialmente más queridos, creada en Sevilla hace ahora 140 años, más parece una relación antigua de abonados de la Maestranza que el reflejo fidedigno del corazón hispalense.

Con todo, amores de los buenos no le faltan a un catálogo de eminencias donde la municipalidad, encargada del mismo, ha hecho gala de una inusitada y certera justicia: los hermanos Álvarez Quintero, inventores de una Sevilla que se mantuvo con vida muchísimos años; Manuel de Falla, el eslabón perdido entre España y la música; Felipe Hauser, un científico de película; Bobby Deglané, creador de la radio en color cuando no había teles ni dinero para comprarlas... Con todo, la conveniencia, los idearios y los errores (o sea, el factor humano) han salpicado ese rol con algún que otro ejemplar sobre el que cabría objetar una o dos cosas.

Alejandro Lerroux, por ejemplo. Adoptado como sevillano en 1934, este cordobés acabaría siendo efímero presidente del Gobierno de la II República después de una dilatada carrera como panfletista, anticlerical, demagogo y protagonista de escándalos por corrupción. Empezó dirigiendo periódicos de vocación tan lamentable como El Intransigente y El Radical y acabó haciendo amistades con el régimen de Franco, pasando por todo el espectro político e ideológico que la oportunidad le ponía por delante.

Los aviadores Barberán y Collar siguen entre los hijos adoptivos, después de que el Ayuntamiento barajase la posibilidad de eliminar su nombre del callejero de Tablada en atención a la Ley de la Memoria Histórica, si bien finalmente ambos militares lograron salvarse de la quema. Igual que todavía sigue en dicha relación honorífica el nombre del general y dictador Miguel Primo de Rivera, padre de José Antonio, el fundador de la Falange, y mandamás de España entre 1923 y 1930.

Y el cardenal Eustaquio Ilundáin, que prohibió las saetas, revolucionó la hermandad de la Macarena, expulsó a las mujeres de las procesiones, prohibió las cruces de mayo y, en fin, se esmeró en la tarea de enemistar a los cofrades con la Iglesia. De resultas de lo cual ha sido, probablemente, el personaje público más ridiculizado por las coplillas populares tras el rey José Bonaparte (Pepe Botella) y el intendente Pablo de Olavide.

Un poco de indulgencia . El responsable de Protocolo del Ayuntamiento de Sevilla, Francisco José Martínez Yuste, ha comentado a este periódico que se requiere cierta indulgencia y buena voluntad antes de juzgar a unos hijos adoptivos cuyos nombramientos no pueden desvincularse de la época, las circunstancias y el contexto en que se produjeron. De hecho, lo normal es que las propuestas de personalidades suelen provenir de particulares, asociaciones e instituciones, que luego son consideradas por el Ayuntamiento y, en su caso, aprobadas.

En la actualidad, explicó Martínez Yuste, el procedimiento se rige por el Reglamento de Honores de 1982, por el que se establecen los trámites, criterios y actuaciones para la designación de los titulares de la Medalla de la Ciudad y los títulos de hijo adoptivo e hijo predilecto. La decisión final requiere en todo caso el voto afirmativo de dos tercios de la corporación municipal, y la ceremonia solemne de entrega de estas menciones honoríficas se realiza con ocasión del día de San Fernando, patrón de Sevilla.

"Ahora mismo no hay solicitudes en Protocolo postulando a candidato alguno al título de hijo adoptivo, que generalmente se canalizan de un tiempo a esta parte a través de la Delegación de Fiestas Mayores", señaló el responsable municipal. La concesión de este nombramiento no reporta privilegio alguno al beneficiario ni le impone carga o responsabilidad de ninguna clase; se trata unicamente de "prestigio mutuo, ya que la ciudad de Sevilla se ennoblece aún más al incluir entre los suyos a personalidades insignes de todos los ámbitos y procedencias, y éstas, a su vez, ganan en distinción por este mismo motivo".

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