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Cofradías

«¿Quién dice que de esta gubia no salió el Señor de la Victoria?»

El profesor Miñarro conserva herramientas de trabajo del ‘padre’ del Cristo del Porvenir del que se cumplen 75 años de su bendición

el 26 feb 2015 / 12:00 h.

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A la izquierda, la imagen, aún en el taller de Illanes, poco antes de su bendición. Y a la derecha: El Señor de la Victoria tras su restauración por Miñarro en 2003. A la izquierda, la imagen, aún en el taller de Illanes, poco antes de su bendición. Y a la derecha: El Señor de la Victoria tras su restauración por Miñarro en 2003. Sus primeros recuerdos de La Paz son en la Plaza de España hace 61 años. Su abuelo, que era portero de la Puerta de Aragón, iluminaba con un gran foco el paso de la cofradía por este enclave monumental. «Recuerdo que todo mi afán era echarle una mano». Así comienza la relación personal de Juan Manuel Miñarro con la cofradía del Porvenir. La misma en la que de pequeño debutó como nazareno, y en la que, desde hace unos años, es el médico de cabecera de las imágenes titulares a las que iluminaba su familia en la noche del Domingo de Ramos. A esta memoria familiar se unió con el paso del tiempo vínculos profesionales a través del campo de Bellas Artes. Fue gracias a Antonio Illanes, el escultor que dio vida a aquellas imágenes que veía pasar «junto a la fuente iluminada» de Aníbal González. «No tuve contacto directo con él», se lamenta ahora, pues aún estudiaba cuando falleció en 1976. No obstante, tuvo la suerte de entrar en su mundo y visitar el taller donde dio forma al Señor de la Victoria hace 75 años. «A través de mi maestro Buiza y de Jerónimo Núñez conocí a Isabel Salcedo, viuda de Illanes. Pude estar en su estudio y hasta me regaló dos gubias y un mazo sin mango, que guardo como cariño, pues, ¿quién dice que de ellos no pudieron salir el Señor?» Su vinculación con Illanes se estrechó aún más cuando en 2003 le encargaron la restauración del Cristo de la Victoria. «Fue una gran alegría. La devoción de mi infancia y el artista que tanto admiraba», señala mientras apunta, sin embargo, que ya antes había tenido la ocasión de restaurar otra imagen del maestro, la del Sagrado Corazón de Jesús de Nervión. Fue así como «la Paz e Illanes, o Illanes y la Paz», llegaron a sus vidas. De aquella intervención hace doce años pero la recuerda al detalle. «Le limpié la encarnadura, reconstruí la pátina original y sustituí la peana», devolviéndole el aspecto original que le imprimió su autor, pues «no era tan moreno». Como prueba exhibe estas dos fotos que acompañan el reportaje (la de la izquierda data de 1942 y la de derecha, de 2003 tras la actuación de Miñarro) y que esta noche formarán parte de la conferencia que dará sobre Illanes y el Señor de la Victoria en la hermandad de la Paz dentro del foro de la hermandad y por el 75 aniversario de la bendición de la talla. Al respecto, el profesor Miñarro asegura que la restauración de 2003 le confirmó todas sus sospechas sobre la valía artística de Illanes: «Es una de sus mejores obras. En ella se puede ver que era un gran escultor que sentía debilidad por la figura humana, por el estudio de la anatomía y el desnudo. Es completo de la cadera a los pies. Es la única imagen, junto al Nazareno de San Roque,  con una anatomía tan perfecta». De ella destaca sus «extraordinarias manos, de una gran naturalidad», así como las piernas, «con todos sus músculos» y los pies, «en los que parece como si el cuerpo pesara». En esta relación de virtudes no falta «la capacidad expresiva del rostro». Solo una pega: «la madera no era todo lo buena que debía», pues era lo que se podían permitir en el contexto de posguerra de los años cuarenta en los que se hizo. Algo que, a su juicio, arrastran las primeras imágenes de Illanes y Lastrucci, otro escultor de la época. No obstante, para Miñarro, Illanes es «uno de los últimos humanistas de la gubia sevillana, que supo compaginar la escuela de Mesa con la modernidad».

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