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Suecia gana merecidamente el festival de Eurovisión y la representante española, Pastora Soler, queda en el puesto décimo.

el 26 may 2012 / 22:47 h.

Suecia.

Eurovisión 2012 estaba sentenciado desde hacía una semana. Suecia celebrará en 2013 este festival por quinta vez gracias a la contagiosa Euphoria de Loreen, un tema hipnótico de largo recorrido con una coreografía de resonancias tribales orientales que conquistó a la crítica desde el primer momento en el que se dio a conocer. ¿Y España?

La prensa especializada la daba ganadora y, en el peor de los escenarios, Pastora Soler y su correcta balada Quédate conmigo jamás bajaba del top five. No fue así, y si no llega a ser por el empujón final de Israel en forma de diez puntos y los sempiternos 12 de Portugal, la coriana hubiera quedado aún peor. A nadie le convenció demasiado y nuestra aportación no dio para arrebatos: la escenografía era neutra, la coreografía casi brillaba por su ausencia y el vestido de corte helénico, desapercibido y con retazos de traje de patinaje artístico, tampoco ayudó.

Rumanía, Bélgica, Francia quisieron echarnos el brazo por encima y, sorpresivamente, también se acordaron de nosotros geografías lejanas como Chipre, Bosnia & Herzegovina y Suecia. Serbia, incomprensiblemente en tercer lugar, con la olvidable Nije ljuvab stvar y Rusia con la aplaudida, muy festiva y encantadora Party for everybody de las abuelas Buranovskiye Bábushki completaron el palmarés. ç

Sobreponiéndose a todos los tópicos que año tras año recaen sobre Eurovisión, el de anoche fue un gran festival de canciones y un soberbio espectáculo que sirvió para ubicar a Azerbaiyán en el mapa europeo y, por el camino, despertar en una inmensa parte de los eurofans el deseo de conocer un país que aprovechó para asomarse al mundo como la tierra soñada, pasando por alto -purpurina obliga- la débil democracia que soporta la sociedad de este incipiente país del Caúcaso. Entre lo mejor, la divertida aportación burlesque de Chipre con la canción La la love a cargo de Ivi Adamou, por Noruega el cantante Tooji puso en liza un tema -Stay- fuertemente pegadizo, veraniego, injustamente relegado al último puesto de la tabla y aunque la canción Love will set you free del veterano representante del Reino Unido Engelbert Humperdinck que abrió el concurso quedara a lo largo del show diluido por el aluvión rítmico, es de justicia reconocer el mérito de su aportación clásica, ajena a modernidades (en lo musical y en lo escénico) y con indisimulados ecos de Leonard Cohen.

También puntuó alto el muy cinematográfico set de Gréta Salomé & Jónsi por Islandia y la, no por evidente, menos intensa 'Love me back', de Can Bonomo (Turquia), con la coreografía más estrafalaria y lograda de cuantas desfilaron por el Crystal Hall. Eurovisión evoluciona -a mejor- pero no sería fiel a su identidad más carpetovetónica si no tendiera la mano a temas abiertamente 'kitsch', eufemismo popero para no invocar a lo abiertamente hortera. Fue el caso de la gritona e indigerible 'Suus' de la albanesa Rona Nishliu o de la rumana Mandinga cantando ¡en español! (¿una estrategia para robarnos votos?) el excéntricamente balcánico hit Zaleilah.

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