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"Quien no se quitó el sombrero conmigo antes, que se lo deje puesto"

El cantante presenta su nuevo disco de duetos, 'Papitwo', esta noche en el Auditorio Rocío Jurado de la Isla de la Cartuja

el 21 sep 2012 / 19:39 h.

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Miguel Bosé actúa el sábado en el Auditorio
Miguel Bosé (Panamá, 1956) no puede disimular dos cosas: una, que está legítimamente orgulloso de su carrera profesional. Y dos, que no le gustan las entrevistas, pero cumple con ellas porque todos los esfuerzos son pocos para agotar taquillas y vender discos. Áspero y distante al teléfono, esta noche en el Auditorio Rocío Jurado se transformará una vez más en el ídolo de masas que vuelve a arrasar en las listas con Papitwo.

-Después de Papito, ¿el más difícil todavía?
-¿En qué sentido lo dices?

 

-Bueno, obviamente hay menos repertorio donde elegir, y el mercado está mucho más difícil que hace cinco años.
-En mi carrera hay muchas cumbres, mis discos están llenos de K-8s. Quedaban muchas canciones buenas por elegir, aunque tú no las conozcas. Sigue habiendo incluso para hacer un tercer disco. Don Diablo, por ejemplo, todavía no la hemos grabado...

-¿No tiene a veces la sensación de ser el único que se mantiene a salvo de la catástrofe de la industria discográfica?
-La situación es mala para todos. No creas que estoy haciendo un verano igual de sabroso que hace diez años. Trabajo bien, pero estamos todos muy tocados, y medidas como la subida del IVA lógicamente van a repercutir negativamente en la taquilla. Lo que ocurre es que un proyecto como éste, que viene de una carrera larga, con muchas generaciones de fans, donde no presentas canciones nuevas sino éxitos que tienen tiempo, es quizá más fácil de vender. Pero insisto, está siendo muy difícil para todos.

-¿Cómo ha sido la elección de los compañeros para los nuevos duetos? Sólo repiten Bimba, Juanes y Alejandro Sanz...
-Con todos tengo una complicidad muy especial. A algunos me une muchísima amistad de mucho tiempo. Una de las claves de hacer un dueto que ruede es que tenga ese plus. Siempre he evitado hacer colaboraciones en las que grabas, dices "gracias por invitarme a tu proyecto" y te vas.

-¿Hay algún compañero con el que le apetezca especialmente contar, y que hasta ahora no haya sido posible cazar?
-Todos son amigos y van llegando poco a poco, pero no siempre las agendas lo permiten. Claro que tengo algunos nombres en la cabeza, pero no sería elegante nombrarlos. Tiempo habrá.

-Los Mojinos Escozíos, cuando grabaron Papito el mío, me aseguraron que a usted le había encantado el disco, y que algún día harían algo juntos.
-Absolutamente, algún día colaboraremos juntos, eso está firmado. Se lo dije a El Sevilla, que me parecía la mejor portada que había visto en mucho tiempo. Me divirtió muchísimo. Y cuando se trata de gente tan brillante y educada, digo absolutamente que sí a lo que propongan. No hay peligro, todo lo contrario.

-¿Qué le parece que haya gente dentro y fuera de la industria que se haya quitado el sombrero con usted sólo con estos éxitos recientes, cuando le han visto batir récords de ventas?
-Me parece que tenían que habérselo quitado hace 20 años. Si sienten eso ahora, llegan tarde. He tenido mi carrera y no tengo nada que demostrar. Por mí, pueden dejarse el sombrero puesto, ¡faltaría, vamos!

-¿Qué verá su público el día 22 en el Auditorio? ¿Será muy distinto al espectáculo de la gira de Papito y de Cardio?
-Todas las giras se renuevan, hay un espectáculo nuevo, con un sonido nuevo. No es un concierto que ya existió, todo ha sido fabricado desde cero para esta gira. Empezamos a girar el 2 de agosto, y seguiremos hasta quién sabe cuándo. Creo que es una propuesta que supera a la de Cardio.

-¿Está en condiciones de anunciar invitados?
-Ni me atrevo a decir con quién contaré. Ha sucedido en otras ocasiones que he anunciado invitados y luego se han caído, prefiero decir sólo que habrá sorpresas, como siempre.

-Viene a Sevilla, una ciudad que mucha gente no puede separar de una canción suya. ¿Sería tan amable de recordar cómo surgió esa canción?
-Surgió a principios de los 80, en un momento en que yo pasaba mucho tiempo en Sevilla. Estaba en un período de mi carrera que quería abandonar, se estaba fraguando el lenguaje que tengo ahora, y la ciudad me llenaba de magia. Concebí esa historia y, sin darme cuenta, supuso un antes y un después en mi trayectoria.


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