Cultura

Rafael Chirbes: "La literatura de verdad es reflexión, y como tal molesta"

El novelista Rafael Chirbes somete a ‘La Celestina’, ‘El Quijote’ y otros clásicos a una minuciosa relectura.

el 23 feb 2010 / 20:23 h.

El escritor Rafael Chirbes, ayer en el plató de ‘El público lee’ de Canal Sur.

-¿Los escritores son los mejores lectores? ¿O, como decía Alfonso Grosso, los lagartos son los menos indicados para hablar de Historia Natural?

-No creo que seamos los mejores lectores. Sí creo que somos lectores interesados, barremos para casa, de alguna manera buscamos padres... e incluso, a mi edad, ya empezamos a buscar hijos. En general, creo hay autores en los cuales encuentras temas, posiciones, puntos de vista que se acercan a los tuyos, y en los cuales cavas para buscar pistas u orientarte un poco.

-Escribir sobre lo que otros han escrito antes, ¿es un lujo redundante, o una necesidad?

-Es una forma de aclararse. Este libro en concreto reúne charlas que he dado, pero cuando acepto dar una charla siempre es sobre temas sobre los cuales me estoy interrogando, me da ocasión para dar forma a mis opiniones. Lo que no se escribe no existe, y uno cree que tiene una opinión sobre un libro hasta que te pones a escribir sobre él: vas descubriendo un mundo nuevo, que se parece al que tú pensabas, pero al mismo tiempo es distinto. Ese proceso es también doloroso, como todo aprendizaje.

-La sociedad en general mira al lector como un ser ensimismado, apartado de la vida, encerrado en casa. Pero leyendo sus ensayos uno reconoce en el lector a un ciudadano muy activo, muy concienciado.

-Claro, hay una literatura que se mueve en el espacio sentimental, consolador, que no me interesa demasiado. Me molesta mucho que me acaricien, que me consuelen, esas son cosas de curas que te prometen el cielo, de psicólogos que te dicen que tienes razón, y de políticos que te engañan prometiéndote el futuro en la Tierra. Para mí los libros que tienen sentido son los que salen de la vida y vuelven a la vida. La literatura de verdad es una reflexión, y como tal tiene que llevarte a poner en cuestión las cosas. Y cuando hace eso, es molesta. Se interroga sobre la ética, sobre la estética, sobre la política, y siempre incomoda a alguien. Lo que tiene que hacer la literatura es leer lo que hay por debajo del lenguaje dominante: por qué nos cuentan esas historias, por qué explican la Historia de esa manera, por qué quieren que nuestra alma sea así...

-También hay quien piensa que es imposible volver a los clásicos con ojos nuevos. Pero, ¿no son clásicos porque precisamente permiten ser leídos una y otra vez?

-Exacto. También es verdad que cada época tiene sus clásicos, cada momento busca fundarse, justificar su punto de vista, sus acciones, sus cosas. Y llamamos clásicos a las voces del pasado que nos sirven para fundarnos hoy. Cada sector social, cada ideología, busca sus fundamentos. El mismo campo de batalla que hay en la sociedad es el que se desarrolla en los libros...

-En su anterior libro de ensayo, El novelista perplejo, le daba alguna colleja a los jóvenes escritores que no arriesgan, que se limitan a repetir clichés archiconocidos...

-A los jóvenes y a los viejos, ¿eh? Yo creo que un libro que no te enseña a mirar de otra manera, que cuando terminas no te ha desazonado porque no ha cuestionado lo que piensas, no es un buen libro. Un buen libro va siempre más allá del punto donde uno está. No leo muchos libros de jóvenes, pero La recta intención de Andrés Barba, me parece extraordinario. Y otros libros que están muy bien, como La ofensa de Menéndez Salmón.

-¿Echa de menos entonces más libertad para escribir?

-En todas las épocas echamos de menos que no haya más gente que se oponga al poder. Una cosa es firmar manifiestos, que es una moda que viene de los tiempos de Zola, y otra intentar establecer un lenguaje que vaya más allá de los mensajes dominantes. Yo digo que no habría que hablar de los libros, habría que leerlos. En cómo se ordenan las palabras es donde está el mensaje.

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