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Rafael Ricardi no se siente libre

Diez meses después de salir de prisión, Rafael Ricardi sigue sin sentirse libre. Las rejas no son las de la cárcel de Topas, donde estuvo por error 13 años, sino las que le impiden hacer una vida normal. Su condición de ex convicto, según dice, es un lastre a la hora de buscar empleo y el tercer grado le obliga a tener aún cuentas pendientes con la justicia.

el 16 sep 2009 / 03:53 h.

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Diez meses después de salir de prisión, Rafael Ricardi sigue sin sentirse libre. Las rejas no son las de la cárcel de Topas, donde estuvo por error 13 años, sino las que le impiden hacer una vida normal.

Su condición de ex convicto, según dice, es un lastre a la hora de buscar empleo y el tercer grado le obliga a tener aún cuentas pendientes con la justicia. Le resulta difícil empezar una nueva vida y olvidar su pasado cuando cada 15 días tiene que trasladarse desde El Puerto, su ciudad natal, a Cádiz para firmar en el juzgado. No está libre oficialmente. Eso a pesar de que se haya abierto un auto de procesamiento que considera que Juan B.G. y Fernando P.G., detenidos por la Policía el pasado año, son los autores de la violación en 1995 que llevó a Ricardi a la cárcel.

"Me siento libre pero preso. Tengo una atadura con la justicia", señaló Ricardi. Su deseo ahora es que se juzgue lo antes posible a los dos imputados para que se pueda demostrar que él es inocente. "Para mí es una alegría que se vaya moviendo la justicia algo. Pero lo que yo quisiera es que todo se hiciera más ligero para poder salir cuanto antes de este bache", añadió.

La Fiscalía espera que el juicio se celebre antes de que termine el año. Mientras tanto, el Tribunal Supremo continúa con el proceso de revisión de condena que inició después de que salieran a la luz las nuevas pruebas de ADN que inculpan a Fernando P.G. y que permitieron la detención de su supuesto cómplice, Juan B.G. Si no fuera por estos análisis, probablemente Ricardi todavía continuaría entre rejas.

Desde que regresó a El Puerto su primer reto era encontrar un trabajo para reintegrarse en la sociedad y poder vivir con dignidad porque apenas llega a final de mes con una pensión de 420 euros. "Mi situación ahora mismo está fatal. No tengo nada de nada. Sólo esta ayuda", explicó. Cuenta desde el primer día con el apoyo de su hija Macarena pero necesita poder valerse por sí mismo y no lo está teniendo fácil.

"Cuando voy a pedir trabajo a cualquier parte me reconocen por haber estado preso. Y yo les digo que se han equivocado pero sólo por ese hecho te rechazan. Aunque sepan que es un error judicial a eso de la cárcel le temen todos los empresarios", explicó.

Ahora sólo le queda esperar. Si se le declara inocente podrá sentirse por fin libre y reclamar una indemnización que le ayude a subsistir. "Han acabado con media vida mía. El daño que me han hecho por pasar tanto tiempo en la cárcel tendrán que pagarlo. Es normal que ahora yo tenga algo bueno porque se han equivocado ellos", indicó.

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