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Rajoy desactiva la campaña

El PP no se mueve de su estrategia: obtener la victoria el próximo domingo y empezar entonces a desvelar su programa.

el 14 nov 2011 / 22:15 h.

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Aun a falta de cuatro días para la cita con las urnas puede decirse sin temor a equivocarse que el Partido Popular ha ganado al PSOE en la campaña. Y no será por número de actos, ruedas de prensa, mítines y hasta entrevistas tuiteras que ha concedido el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El ataque por tierra, mar y aire que lanzó el exministro de Interior en el único debate televisivo de la campaña no ha conseguido agrietar el discurso calculado al milímetro de Rajoy. La acusación -machacona tanto a través de los medios convencionales como, sobre todo, en las redes sociales- de que Rajoy pretende ganar el sillón de la Moncloa sin decirle a los ciudadanos qué va a hacer para salir de la crisis (recortes sí o no en educación, sanidad, servicios sociales...) no ha conseguido mover ni un músculo de su rival. El líder del PP lleva dos años instalado en la comodidad de ver cómo se hunde el PSOE como consecuencia de la crisis. No va a ser ahora, en campaña, a cinco días de conquistar por fin el poder, cuando Rajoy decida cambiar el paso. Y así se lo hizo saber a Rubalcaba a través de su Twitter. "Siguen instalados en la pelea y en hablar de mí. No me van a encontrar, mis enemigos son la crisis y el paro". No fue el único tuit del día en este sentido. "Ellos siguen con la crispación, nosotros con la concordia. Ellos con el miedo, nosotros con la esperanza", colgó en su Twitter ya pasadas las ocho y media de la noche.

Éste es el mantra que repite -o lee, según la ocasión- Rajoy. Imperturbable, ansía casi desde que Zapatero anunció a finales de julio que adelantaba las elecciones generales que termine la campaña y ser proclamado presidente. Porque esto es lo único que no oculta: su seguridad en que esta vez sí. Esta vez sí conseguirá salir al balcón de la calle Génova como vencedor. E incluso puede que superando los datos históricos de su mentor: la mayoría absoluta de 2000 de José María Aznar.

Por su parte, Rubalcaba está haciendo lo que pide a los votantes: pelear hasta el final. Estos últimos días de campaña, el PSOE va a echar el resto. Como si de un grupo de música que actúa en todas las verbenas de los pueblos se tratase, el candidato socialista busca convencer a los indecisos y desencantados con lo que entienden que ha sido una claudicación del PSOE a las políticas marcadas desde el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario. Puerta a puerta, Rubalcaba lucha por evitar una derrota clamorosa. Y también ha acuñado mantra propio: "Podemos darle un vuelco a las encuestas". Se antoja complicado. Harían falta muchos meses más de campaña y, sobre todo, que los mercados y el paro dieran un respiro al candidato socialista.

La carta de la confianza. El Partido Popular llega al final de esta campaña convencido de que su simple llegada al Gobierno generará una confianza que por sí sola servirá para que el país salga de la crisis. Rajoy cree que no tendrá, en una primera fase, que hacer nada para que la economía se relaje y empiecen a fluir los créditos, a reactivarse el consumo, con él la riqueza y con ésta el empleo. Rajoy como maná caído del cielo. Pero esta estrategia tiene un pero que no se le escapa, obviamente, al PP: el Gobierno no tendrá ni cien días de gracia. Esta advertencia, hecha por el ídolo de los populares, Aznar, significa que el partido tendrá que adoptar cuantas medidas considere oportunas para que los ciudadanos vislumbren desde el mismo 21 de noviembre una salida real a la crisis. Pero, ¿qué medidas? El programa económico de Rajoy es aún una incógnita. Más allá del aplazamiento del IVA para las empresas o las ayudas para la contratación, los ciudadanos irán a votar el próximo domingo sin saber a ciencia cierta si Rajoy rebajará la prestación por desempleo o si suprimirá plazas de funcionarios, entre otras cosas. Los españoles no lo saben pero, a tenor de las declaraciones del mismo Rajoy, Merkel y Sarkozy sí. En un corrillo ayer con periodistas (sin micrófonos y de tan sólo 15 minutos), el candidato popular reconoció que había pasado todo su programa económico a la canciller alemana y al presidente francés. Por lo ocurrido en Grecia e Italia estos días no parece una mala decisión. Los gobiernos democráticamente elegidos en las urnas han sido sustituidos por tecnócratas vinculados al Gobierno de Europa. Y no por ello los mercados se han relajado. La prima de riesgo española sigue por encima de los 450 puntos básicos y no parece que vaya a mejorar en breve.

Rajoy ha decidido ponerse de perfil hasta el 20 de noviembre. A partir de ese día le será imposible. El crédito de la oposición se le habrá agotado y empezará a contar el de jefe del Ejecutivo. Pendientes de su gestión -sólo en un año debe recortar 40.000 millones- no sólo estarán más de 38 millones de personas. Europa -Alemania y Francia- lo estará vigilando a cada paso. Y si para entonces la carta a la confianza que ha jugado Rajoy no funciona, ¿qué pasará? ¿Nos situaremos en zona de rescate? ¿Decidirá entonces Europa que España necesita un tecnócrata para salvarse de la bancarrota? Quién lo sabe. Mientras tanto, y hasta el domingo, Rajoy prefiere seguir jugando a los acertijos, como éste pronunciado ayer en un mitin en Oviedo: "No podemos confundir la valentía con la prudencia y la prudencia con no hacer nada". Pues eso.

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