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Rajoy no tira la toalla y reta al ala dura

Ni las dudas sobre su liderazgo de puertas para dentro ni los gritos de protesta en la calle Génova. Nada hace cambiar de opinión a Rajoy, que desafió a los duros del PP. "Si alguien se presenta sería importante que diera un paso adelante", dijo, después de aclarar que no piensa "tirar la toalla". Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 05:19 h.

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Ni las dudas sobre su liderazgo de puertas para dentro ni los gritos de protesta en la calle Génova. Nada hace cambiar de opinión a Rajoy, que ayer desafió a los duros del PP. "Si alguien se presenta sería importante que diera un paso adelante", dijo, justo después de aclarar que no piensa "tirar la toalla".

El líder del PP, Mariano Rajoy, no se dejó acorralar por los críticos, a los que avisó de que tiene "fortaleza suficiente" para no dejar la presidencia del partido y encarar la carrera rumbo a las elecciones generales de 2012, en las que está seguro de presentarse como candidato de los populares.

Pero su fortaleza tendrá que lidiar antes con los críticos, que ya no sólo están dentro del PP, sino fuera, en las calles. Prueba de ello son los 300 simpatizantes que se concentraron en la calle Génova para pedir su dimisión y para animar a María San Gil -que dejará su cargo de presidenta del PP vasco- a que tome las riendas del partido. Una movilización que, por cierto, hoy se repetirá.

Desafio. Los gritos no amilanaron a Rajoy que se vio arropado por su equipo, con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y su portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría al frente y después de mantener un encuentro con 50 alcaldes y presidente de Diputación del PP a los que convocó para debatir sobre financiación local y de paso, sobre la situación del partido. Con la presencia de los suyos cerca, se envalentonó y garantizó su candidatura al congreso del PP de junio pese a que "algunos quieren que no me presente".

Es más, lanzó el guante a los críticos del partido y les retó a que presenten una candidatura alternativa. "Si alguien se quiere presentar, sería muy importante que diera un paso adelante y que lo dijera, porque ahora no me estoy enfrentando a ningún candidato, sino a una serie de personas que están intentando que yo no me presente a presidir el partido", indicó Rajoy. En esta tesitura, el nombre que suena con más fuerza como alternativa es el de Juan Costa, diputado del PP y hombre de confianza de Rodrigo Rato.

La marcha, de gran relevancia política, de María San Gil, unida a la simbólica del ex funcionario de prisiones José Ortega Lara, desataron como nunca la tormenta interna en el PP. Incluso el propio Rato se negó a hablar con el líder popular.

A ellos se unió el ex vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez Cascos. "Cuando una estrategia se basa en llamar victoria a las derrotas, tiene lógica que el siguiente paso sea llamar sumas a las restas", en alusión a la marcha de dirigentes del PP.

Pero incluso entre los ex ministros de Aznar se palpaba la división. Si Cascos hablaba contra Rajoy, el ex ministro de Defensa, Federico Trillo, defendía que en su partido "no hay crisis de identidad" y aclaraba que la visión de la "realidad vasca" no ha cambiado de la de "hace dos meses", en alusión a las razones que llevaron a la retirada de San Gil.

Los barones del PP entraron en el juego y la mayoría de ellos a favor de Rajoy. El valenciano Francisco Camps, por ejemplo, apeló a "solucionar los problemas dentro de casa", al tiempo que indicó que la mayoría del PP se mantiene en el "entorno liderado" por Rajoy. A éste se sumó la presidenta del PP en Castilla-La Mancha, María de Cospedal, que está contra "los ataques personales" y opinó que Rajoy "saldrá reforzado" del congreso, lo mismo que pensaban altos cargos de Cataluña, Castilla y León y Canarias. Incluso recibió apoyos del lugar donde se encendió la mecha de la división: Euskadi. El portavoz del PP en el Parlamento vasco, Leopoldo Barreda, fue claro: "hay una mayoría que confía" en el líder del PP.

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