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Rajoy opta por un equipo continuista y apuntala a Cospedal y Arenas en el poder

el 18 feb 2012 / 18:32 h.

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Mariano Rajoy es un hombre previsible. Lo fue al anunciar la composición de su Gobierno y también al revelar ayer la nueva ejecutiva del PP, que será continuista. El presidente, que fue reelegido con un abrumador apoyo del 97,44% de los compromisarios, hizo un juego de equilibrios que no fue fácil, tal y como reconoció, y apuntaló en el poder de Génova a Dolores de Cospedal, que sigue de secretaria general, y a Javier Arenas, que continúa como vicesecretario de Política Autonómica y Local aunque escala al número tres. El dirigente andaluz se perfila como el único contrapoder de Cospedal, ya que Rajoy decidió finalmente prescindir de la figura de coordinador general que reste poder a Cospedal, como muchos barones territoriales pedían. Sí optó por abrir una tercera vía que servirá de contrapeso entre ambos y que la ejercerá Carlos Floriano, hasta ahora secretario de Comunicación y expresidente del PP en Extremadura. El ascenso de Floriano, que ocupará la Vicesecretaría de Organización y Electoral, implica la defenestración del que ha sido su jefe, Esteban González Pons, hasta ahora vicesecretario de Comunicación, que se queda con Estudios y Programas.

González Pons fue, en definitiva, el único perdedor del congreso. Quería dejar Comunicación pero aspiraba a un puesto de más poder, que Rajoy finalmente ha entregado a Floriano. Cospedal intentó colocar en este cargo a Alicia Sánchez Camacho, presidenta del PP catalán. Floriano, que lleva toda la vida en el partido y se inició en Nuevas Generaciones, es un nombre de consenso, aseguran fuentes populares. Cospedal ganó también en su petición de que los ministros se queden fuera del núcleo duro de Génova, para dedicarse a la "difícil" tarea de Gobierno. Sale de la Vicesecretaría de Organización Ana Mato, ministra de Sanidad. Sobre Cospedal, que también es presidenta de Castilla-La Mancha, recaerá la responsabilidad de ser la correa de transmisión entre el partido y el Ejecutivo. Justo antes de desvelar su equipo, Rajoy casi pidió disculpas desde la tribuna. "Esto es muy difícil. Habrá aciertos y errores pero no le he intentado hacer daño a nadie", dijo.

En esa especie de balanza, Cospedal se convierte en la mujer todopoderosa del partido pero, sin embargo, no ha conseguido todas sus apuestas. Tampoco Arenas ha logrado frenar la excesiva concentración de poder en manos de la secretaria general, pero sí dio el visto bueno a la designación de Floriano.

El PP andaluz está más que satisfecho por la continuidad de Arenas en un cargo que ahora cobra más relevancia, ya que los populares acumulan un poder histórico y gobiernan en casi la totalidad de autonomías y en la mayoría de ayuntamientos. Su puesto es compatible con el de presidente de la Junta si gana el 25 de marzo. Junto a Arenas, otros once andaluces -ahora había diez- formarán parte del comité ejecutivo nacional. El puesto más importante después del líder del PP-A lo conserva el almeriense Juan José Matarí, que continúa de secretario de Política Autonómica y que forma un tándem con el propio Arenas. Siguen de vocales Migue Arias Cañete, Juan Ignacio Zoido, Teófila Martínez, Celia Villalobos, Cristóbal Montoro, Ángeles Muñoz, Antonio Sanz y se suma la ministra de Empleo, Fátima Báñez. Beatriz Jurado cuenta como presidenta de Nuevas Generaciones. Por su parte, en la junta directiva nacional se mantienen Juan Manuel Moreno, Jaime Raynaud y entra Bartolomé Madrid.

Los andaluces no aspiraban a más, según fuentes del partido, y se conforman con los continuos gestos de Rajoy y el PP hacia esta tierra, que en poco más de un mes decide su futuro político. El cierre de filas con Arenas está siendo total. No hay ningún dirigente que al tomar la palabra no lo alabe y dé por hecho su victoria el 25 de marzo, una euforia de la que el PP-A quiere huir. Rajoy es, como apuntan desde la formación regional, su "mayor baza electoral", no en vano le debe a Arenas el haber resistido a los ataques de quienes querían verlo caer hace cuatro años en el congreso de Valencia. Entonces, Rajoy fue elegido con un tímido 82,7% de los votos, el menor apoyo atesorado por un presidente del PP. Ahora la realidad es bien distinta, pero Rajoy no olvida a quién fue su principal valedor. Arenas continuará siendo una de las personas más poderosas de Génova gracias, sobre todo, a su enorme habilidad por arrimarse a quien está en liza. Conoce a la perfección las entrañas del partido y lo ha sido prácticamente todo. Es, además, uno de los pocos supervivientes del aznarismo y su liderazgo interno no tiene contestación.
Rajoy, nada más arrancar su discurso en el plenario se mostró convencido de que el 25 de marzo el PP logrará un "triunfo extraordinario para toda Andalucía y para España". "Confieso, sin ningún pudor, que ya estoy sintiendo la alegría por este triunfo", llegó a decir. Si se materializa la victoria popular, la comunidad podrá "liberarse al fin de lastres y ataduras" y "romperá con años de resignación", manifestó el presidente del Gobierno. Él será el primero en volcarse con la campaña de Arenas, aseguró.

Además del compromiso con la causa del PP andaluz, que es la principal razón de ser de este congreso tranquilo, Rajoy quiso sentar las bases de lo que debe ser el partido. Lo primero que recordó es que los españoles que votaron al PP en las generales "esperan soluciones" inmediatas para salir de la crisis. "Ya te hemos votado, dicen. Ahora cumple. Haz lo que tengas que hacer y hazlo deprisa", sostuvo. Rajoy ironizó con que ahora "está empezando a aprender lo que es ser presidente del Gobierno".

Ordenó a su equipo que se deje la piel en el partido, que "cuide esta casa" para lograr una formación "unida, estable y sin contradicciones". El presidente del PP quiso lanzar un mensaje de firmeza contra la corrupción y exigió a sus compañeros que sean un "modelo de conducta". Pidió "honradez" y aseguró que el partido "no aceptará que la mancha de una excepción contamine la buena fama de todos", en clara alusión a la trama Gürtel, el escándalo que sacude al partido.

Para pedir la confianza de los militantes, Rajoy hizo un retrato de sí mismo al más puro estilo Rajoy. Se definió como un hombre "previsible, que piensa las cosas y maneja los tiempos", y presumió de gozar de "independencia". "No debo nada a nadie, ni tengo más compromisos que con vosotros y con los españoles", afirmó. Alardeó de que él no se deja llevar ni por las presiones "ni por lo que reclame la prensa, ni por el qué dirán". El presidente cerrará hoy uno de los congresos más planos del partido, que terminará sin sobresaltos y que dejará a casi todos contentos porque nunca antes el PP había tenido tantos cargos que repartir. Arenas también intervendrá como pistoletazo de salida a la campaña del 25-M.

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