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Rajoy, patrimonio inmaterial de Sevilla

Zoido reclama a la Unesco que abra oficina en la ciudad y amplíe la zona catalogada y Asenjo defiende el valor evangelizador de los templos frente a su uso turístico

el 11 dic 2012 / 11:50 h.

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    El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, presidió ayer el acto conmemorativo del 25 aniversario de la declaración como Patrimonio de la Humanidad del Alcázar, el Archivo de Indias y la Catedral, junto al arzobispo, Juan José Asenjo, y al alcalde, Juan Ignacio Zoido. Atrás quedaron los años en los que la visita de un presidente o un ministro traía aparejada alguna inversión o proyecto inesperado. El acto de ayer, celebrado en el Salón de los Tapices del Alcázar, no deparó ninguna sorpresa.

    Rajoy, que vino acompañado por el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, tenía muchos frentes sobre los que, al menos, podría haber arrojado luz. Principalmente, y tratándose de una convocatoria eminentemente cultural, podría haber desvelado si finalmente aceptaría alguna de las alegaciones que el propio Ayuntamiento ha hecho a los presupuestos generales del Estado de 2013 reclamando más dinero para el Maestranza -al que el ministerio ha recortado un 50% su aportación-, el Arqueológico -cuya reforma sigue sin fecha- o el Bellas Artes -cuya ampliación está descartada para esta legislatura-. Y es que muchos esperaban que anunciara algo porque el propio alcalde había manifestado que reclamaría ante Madrid estas cuestiones.

    Sin embargo ayer el presidente no dijo nada, ni sobre esto ni sobre ninguna cuestión ajena a la efemérides. Rajoy, que rehuyó las preguntas de los periodistas, lo más llamativo que hizo durante su discurso fue comparar, mediante un ingenioso paralelismo, los recortes con la construcción de la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar: "Las grandes obras se levantan piedra sobre piedra, sobre pilares firmes, hombro con hombro, y al final, cuando se terminen, es cuando los sacrificios cobran sentido. Así lo ha hecho siempre España y así lo volveremos a hacer".

    El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, fue quien acaparó los pocos titulares que dio de sí la visita del presidente. El regidor anunció que quiere ampliar la zona catalogada por la Unesco y que, además, va a solicitar a este organismo internacional la creación en la ciudad de una oficina conjunta y permanente dedicada a la protección del patrimonio histórico: "Queremos seguir creciendo de forma que estos tres monumentos sean el epicentro de una declaración más amplia que nos sitúe en el lugar que nos corresponde, porque Sevilla está plagada de rincones que la definen como ciudad universal".

    Al acto asistió una nutrida representación del Gobierno municipal y de la oposición, así como el consejero de Cultura, Luciano Alonso, el presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía, Santiago Herrero, el rector de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano, y algunas personalidades sevillanas, habituales ya a los actos institucionales -de cualquier tipo- organizados por el Ayuntamiento: Victorio y Lucchino, Carmen Tello, Curro Romero, Alfonso Díez, que acudió sin la duquesa de Alba; o Pepe Mel, entrenador del Betis.

    La ceremonia giró en torno a los discursos de Zoido, Rajoy y Asenjo. Cada uno dedicó su intervención a uno de los tres monumentos que celebraban aniversario. El alcalde, que aseveró que la ciudad "jamás se ha rendido al tópico costumbrista que muchos usan como excusa para el inmovilismo", eligió el Alcázar, del que recordó sus 3.000 años de historia recorriendo las culturas que conformaron este monumento, residencia real en activo más antigua de Europa,

    Por su parte, Rajoy garantizó el compromiso del Gobierno central en la conservación del patrimonio de Sevilla -aunque no concretó cómo- y se refirió principalmente al Archivo de Indias, del que destacó que guarda la memoria de tres continentes así como el testimonio de la "primera globalización" que vivió el mundo. Recordó que España es una "potencia cultural de primer orden", y abogó por aprovechar esto, así como la lengua castellana, para atraer a un turismo de alto valor añadido y calidad.

    El arzobispo dedicó su discurso a la Catedral, de la que defendió su papel evangelizador frente a su faceta cultural y turística. De hecho, reclamó que no se "ahogue ni desvirtúe la esencia religiosa" del templo para no convertirlo en un mero museo.

    En la primera fila de la bancada de invitados se encontraba el consejero de Cultura, que recientemente le ha reclamado que cumpla la ley de patrimonio y abra los templos a las visitas turísticas gratuitas. Ante su atenta mirada, el religioso criticó las visiones "prevalentemente económicas" a la hora de programar las intervenciones de conservación o restauración de las catedrales, que sólo buscan "réditos para el turismo o el comercio".

    "No faltan quienes, partiendo de un concepto reduccionista de la cultura, entienden el servicio cultural que presta la Catedral y los grandes edificios religiosos, prescindiendo del culto, que desde esta perspectiva carecería de relevancia, pero la verdad es que el cristianismo no sólo ha sido creador de cultura en el pasado, sino que lo es también en el presente", defendió.

    Tras los discursos, y después de descubrir una placa, los representantes institucionales y los invitados pasaron a tomar una copa de vino mientras el servicio de prensa de Moncloa desalojaba a los periodistas convocados: "No hay preguntas", concluyeron.

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