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Rajoy resurge de sus cenizas

Si hace dos semanas, cuando el PP estaba manchado hasta arriba de polémica, le hubieran dicho a Rajoy que su partido iba a recuperar Galicia y que iba a ser llave de gobierno en Euskadi, probablemente lo hubiera firmado sin pensarlo. Porque Rajoy es el hombre que tropieza tres veces en la misma piedra, pero es también el hombre que se levanta tantas veces como haga falta.

el 15 sep 2009 / 23:41 h.

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Si hace dos semanas, cuando el PP estaba manchado hasta arriba de polémica, le hubieran dicho a Rajoy que su partido iba a recuperar Galicia y que iba a ser llave de gobierno en Euskadi, probablemente lo hubiera firmado sin pensarlo. Porque Rajoy es el hombre que tropieza tres veces en la misma piedra, pero es también el hombre que se levanta tantas veces como haga falta.

Hace ahora un año, tras su segunda derrota en unas generales frente a José Luis Rodríguez Zapatero y con un partido roto en pedazos por la falta de cohesión interna, Rajoy se tambaleó en su liderazgo. Pero salió del bache con un profundo proceso de renovación que culminó en el Congreso de Valencia. Sin María San Gil en Euskadi, el PP cerró filas, Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón enterraron -temporalmente- sus diferencias y Rajoy salvó los muebles.

Pero la tranquilidad duró pocos meses. Si 2008 fue el annus horribilis del líder popular, 2009 comenzó peor. En enero, El País destapó una supuesta trama de espionaje en la Comunidad de Madrid que resucitó el fantasma de las contradicciones y que dio a Aguirre una nueva excusa para desahogar sus rencores con declaraciones polémicas. Y cuando el PP no estaba más que empezando a defenderse, el juez Garzón comenzó a investigar la Operación Gürtel, en la que han salido a reducir nombres como el de Esteban González Pons o Francisco Camps.

La desunión volvió a instalarse en el seno del PP y la capacidad de Rajoy para controlar a sus secuaces fue de nuevo cuestionada. En esta coyuntura, se entendía que las tres citas electorales del año -gallegas, vascas y europeas- servirían para evaluar si el presidente debía seguir siéndolo. Rajoy se la jugaba a tres cartas y la primera partida la ganó el pasado 1 de marzo en Galicia, con la victoria de Feijóo, y en Euskadi, con unos resultados que dejan al PP en posición de decidir quién llegará a Ajuria Enea.

La celebración del triunfo ha coincidido, además, con la publicación del informe de la Fiscalía que no ve indicios contra aforados del PP en la trama de Correa. El martes, el Comité Ejecutivo del partido en Madrid, en tono festivo, cerró de nuevo filas en torno a Rajoy y Aguirre obedeció y se calló. Sin fisuras.

Y para que no quedara duda de que el PP es un partido unido, al día siguiente Rajoy desembarcó en Dos Hermanas (Sevilla) para cerrar el Comité Ejecutivo regional con la cabeza alta, la sonrisa indiscutible y un traje azul PP oscuro -y en un Volgswagen, eso sí-. "¿Quién viene, jefe?", preguntaba un despistado mientras algunas decenas de personas felicitaban a Rajoy y se empujaban por darle la mano.

Las elecciones en Galicia y el País Vasco han protagonizado el debate en la calle: "A mí el gallego me gusta, me cae muy bien. Y el otro [Basagoiti] también", decía una señora. Rajoy llegó prudente: "¿Cómo va la vida?", pero durante un paseo por la localidad con Javier Arenas se creció: "Bueno, aquí vamos a pelear".

Como en procesión, sus adeptos le seguían en lo que, más que un paseo, acabó siendo una carrera. El líder, siempre eufórico, amable y sonriente, tenía para todos: fotos con unas, apretón de manos a otros, y sobre todo "enhorabuena" para todos por recuperar el feudo gallego.

Tan contento estaba el líder que hasta su aspecto físico fue comentado: "Que me gusta a mí este hombre, hasta le veo más joven...", dijo una chica, a la que otra contestó: "Es que la televisión hace más feo, más gordo y más bajo". Mientras tanto, sus compañeros de partido aguantaban el tirón entre la multitud: "Señor [Cristóbal] Montoro, le saluda un militante. A ver si conseguimos algo más en Andalucía".

Desde el Ayuntamiento hasta el mercado de abastos, Rajoy escenificó su nueva elevación a las alturas del PP. Saludó a la frutera, a la cuponera y al carnicero. Y sólo algunos rezagados perdieron el hilo: "¿Y este qué hace aquí?" "No sé, vendrá a hacer campaña de algo". Definitivamente, Rajoy ha ganado el primer asalto. Quedan las europeas.

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