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Rajoy ya manda

Mariano Rajoy presume que la reválida sobre su liderazgo al frente del PP está cerrada tras las victorias de su partido en las elecciones gallegas del 1-M y, sobre todo, las europeas del 7-J. El proceso de asentamiento, tal como él mismo confesó, le ha costado alguna "puñalada trapera" de sus propios compañeros y casi un año de gestión.

el 16 sep 2009 / 04:31 h.

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Mariano Rajoy presume que la reválida sobre su liderazgo al frente del PP está cerrada tras las victorias de su partido en las elecciones gallegas del 1-M y, sobre todo, las europeas del 7-J. El proceso de asentamiento, tal como él mismo confesó, le ha costado alguna "puñalada trapera" de sus propios compañeros y casi un año de gestión. Y todavía hoy el liderazgo sigue siendo un tema tabú. Este miércoles, su secretaria general, María Dolores de Cospedal, decía en Los Desayunos de La 1 al hilo de la petición de dimisión por parte de algunos diputados populares -en contra de la opinión de Rajoy- del tesorero Luis Bárcenas por su implicación en el caso Gürtel que "en el PP no hay líos de liderazgos, con perdón de la expresión". Una mala jugada del subconsciente.

Pese a todo y a todos, Rajoy hoy se siente "infinitamente mejor" que hace un año y, por eso hoy tenía previsto congregar en Valencia a sus cargos para conmemorar el primer aniversario de su reelección como presidente del PP en el Congreso Nacional que el partido celebró en la ciudad del Turia. ETA chafó ayer su plan y el evento ha sido suspendido. Aquella cita congresual vino precedida de varias meses de convulsión interna tras la segunda derrota electoral de Rajoy frente al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en las generales de marzo de 2008.

Aquella aciaga noche electoral, desde el balcón de la calle Génova -sede nacional del partido en Madrid- y ante los cientos de simpatizantes que se congregaron para acompañar a su líder, Rajoy decidió cambiar la estrategia de la crispación heredada de la etapa de José María Aznar y abrir una nueva etapa más moderada y abierta al diálogo. Esa apuesta pudo costarle el cargo. El partido se dividió en dos: los marianistas y todos los demás, liderados por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Hasta pocas semanas antes de aquel Congreso de Valencia se especuló con la presentación de una candidatura alternativa a la del dirigente gallego, patrocinada por Aguirre y encabezada por Juan Costa, ex ministro de Aznar. Pero, al final, los barones del PP, especialmente el valenciano Francisco Camps, lo salvaron. En el camino se quedaron la presidenta del PP vasco, María San Gil, y los aznaristas Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.

El tiempo -y las elecciones- le han acabado dando la razón. Los buenos resultados de las autonómicas de Galicia, País Vasco y las europeas han cerrado cualquier debate sobre la consistencia del líder. Sin embargo, los escándalos de corrupción que salpican al partido desde que comenzó 2009 pueden pasarle factura: su defensa a ultranza de Camps y ahora de Luis Bárcenas, tesorero y senador del PP, en el caso Gürtel puede terminar por comprometerle si los jueces constatan los delitos que investigan. Pero hoy él es el líder.

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