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Rebajando las rebajas

Las promesas de bajadas de impuestos comparten con la risa enlatada de las series americanas de televisión una elevada rentabilidad para quienes las emplean estratégicamente. La propuesta de rebaja, como la risa pregrabada, es primero de tipo genérico y sólo más tarde se acopla a cada situación concreta...

el 15 sep 2009 / 11:12 h.

Las promesas de bajadas de impuestos comparten con la risa enlatada de las series americanas de televisión una elevada rentabilidad para quienes las emplean estratégicamente. La propuesta de rebaja, como la risa pregrabada, es primero de tipo genérico y sólo más tarde se acopla a cada situación concreta dependiendo de dónde y cuándo se necesita despertar, con la eficacia que muestra su extendido uso, la adhesión del público.

De hecho, quien no aplaude ni ríe la gracia en tal momento se siente un bicho raro que no se entera de nada. Pero ¿no sería más bien el verdadero esperpento dar por buenas las risas inducidas o de segunda mano, así como admitir la bondad de toda rebaja tributaria sin mayor discriminación?

Como muestra de los dudosos argumentos que se enseñorean de un debate que ya casi se ha apuntado el acabar con los impuestos sobre la riqueza, contemplemos una de las propuestas de las derechas españolas para remontar la crisis: disminuir el Impuesto sobre Sociedades para situarlo en línea con el vigente en los países de nuestro entorno.

El impuesto sobre los beneficios empresariales acostumbra a ser de tipo proporcional (el 30% en España, después de la reforma), con tipos reducidos en algunos casos (el 25% para las pymes). Ahora bien, este es meramente el llamado tipo nominal, que puede o no parecerse al tipo efectivo o real, es decir, el resultado de dividir el beneficio neto entre la cuota pagada.

La discrepancia entre uno y otro se explica en base a las distintas deducciones y desgravaciones fiscales que tienden a rebajar la deuda tributaria. Teniendo esto en mente, cuando los economistas miden la presión fiscal desprecian en gran medida los tipos nominales (que sólo son un dato más) y procuran hacer comparaciones temporales e internacionales a partir de los tipos efectivos.

Y esto es lo que hacen en un recentísimo trabajo publicado por Funcas los profesores de Oviedo Elena Fernández, Antonio Martínez y Santiago Álvarez. Empleando información correspondiente a 1995-2005 de sociedades cotizadas (por tanto las de mayor dimensión), concluyen que, si bien nominalmente el Impuesto de Sociedades en la UE se sitúa en el 34,7%, en términos efectivos se quedó en el 33,34%.

Lo llamativo es que esta corta distancia entre tipo nominal y real en Europa contrasta con el caso español para el mismo periodo: 35% de tipo nominal frente a un tipo efectivo del 24,51%. En suma, los beneficios fiscales incorporados en la ley del impuesto español (desconocidos en el resto de la UE) rebajan el tipo estatutario en más de nueve puntos.

Otra constatación es que durante la década estudiada la tendencia a reducir los tipos estatutarios no ha tenido repercusión sobre la presión fiscal empresarial efectiva. Esto remacha la idea de que la toma de decisiones en base al tipo nominal son fundamentalmente huecas.

En definitiva, que el impuesto español está, de verdad, muy por debajo de la media europea. Y que las empresas internacionales son las primeras en saberlo. De modo, que acusarlo de posibles efectos deslocalizadores es propio de desinformados o desinformadores. Más bien, parece como si se quisiera aprovechar las urgencias de la crisis para aflojar una de las tuercas que sujetan el estado del bienestar, a la espera del próximo objetivo: ¿la sanidad pública?.

Catedrático de Hacienda Pública

jsanchezm@uma.es

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