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Rebajas mágicas

En épocas preelectorales suele entrar en plano de manera recurrente la dialéctica sobre la rebaja fiscal. Pretendientes y detentadores de los cargos en liza parecen comulgar con la idea de que este proceder tiene buenos dividendos políticos y se afanan, así, en vocear a diestro y siniestro sucesivas disminuciones de la presión fiscal.

el 14 sep 2009 / 21:45 h.

En épocas preelectorales suele entrar en plano de manera recurrente la dialéctica sobre la rebaja fiscal. Pretendientes y detentadores de los cargos en liza parecen comulgar con la idea de que este proceder tiene buenos dividendos políticos y se afanan, así, en vocear a diestro y siniestro sucesivas disminuciones de la presión fiscal.

En nuestro país, como novedad, este cruce de ofertas y contraofertas de rebajas está ocupando últimamente una buena porción del debate público. Este se ve alimentado por promesas que, en muchos de los casos, no dejan de resultar pintorescas, en la medida en que se respaldan con argumentos mágico-míticos o tesis económicas de pacotilla (véase la "Curva de Laffer" exhumada por el PP de los desvanes reaganianos), pero que aún tienen la virtud de reconfortar las certezas emocionales del público.

En suma, los candidatos dan por hecho que el electorado mira con espontánea simpatía los recortes tributarios pero se aburre oyendo explicar el insulso mecanismo racional que liga los ingresos a las prestaciones públicas.

Ahora bien, como tampoco es cuestión de dejar que parezcan ocurrencias improvisadas sobre la marcha las adornan con cuatro teorías sacadas sin filtro de la Wikipedia. Por todo ello, cobra especial importancia analizar los estudios de opinión publica sobre la cuestión tributaria: ¿aprecian realmente los ciudadanos estas rebajas generalizadas o, más bien, desconfían de sus posibles efectos?

Un reciente estudio sobre Opiniones y actitudes fiscales de los españoles en 2006, elaborado por el Área de Sociología Tributaria del Instituto de Estudios Fiscales, nos pone sobre la pista de muchas de estas cuestiones.

Como no es de sorprender, determinadas actitudes presentan un carácter dual. Por un lado, la gente estima que la oferta pública de servicios y prestaciones, considerada globalmente, es poco adecuada a los impuestos que se pagan, y no contribuye muy significativamente a la distribución de la riqueza en la sociedad.

No obstante, por otra parte, la ciudadanía también estima que todos los servicios y las prestaciones públicos son útiles y necesarios y que, además, justifican el pago de los impuestos, si bien en distinta medida.

Por otra parte, nos encontramos con que una amplia mayoría reconoce que la Hacienda Pública desempeña una función básica y necesaria para la sociedad. También parece estar bastante clara entre los encuestados la necesidad de pagar impuestos, siendo minoritaria la proporción de ciudadanos que manifiesta su convencimiento de que todos viviríamos mejor si no se pagara ningún tributo. Ambas afirmaciones se mantienen constantes a lo largo del tiempo.

Así pues, frente a una opinión pública que demuestra ser capaz de discernir, considero que las promesas de rebajas fiscales deben venir bien documentadas, exponiendo, primero, los efectos sobre la distribución resultante de la carga fiscal, y, segundo, su correlato en la vertiente del gasto público (en cristiano: qué partidas de gasto se van a recortar). De lo contrario cualquiera estaría en el derecho de pensar que se está tratando de marear a la gente más que de apelar a su buen juicio.

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