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Economía

Recetas del directivo

El Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos celebrado en Sevilla deja mensajes como que hay que adaptarse a la globalización sin temor, sobrevivir con innovación y tecnología, y no obviar la ética y el talento.

el 06 nov 2014 / 12:00 h.

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Pepo Herrera Pepo Herrera N. Jiménez / I. Campanario Una empresa de calzado envía a dos vendedores a un país para hacer negocio y, cuando estos llegan descubren que nadie, ninguna persona, utiliza zapatos. Entonces, los dos vendedores se ponen en contacto con su compañía. Uno de ellos les traslada que allí no habrá manera de vender nada porque no se utiliza el calzado, mientras que el otro llama exultante para decirles que, como allí nadie lleva zapatos, se van a hinchar a vender. Con este ejemplo, uno de los que utilizó Álex Rovira en su conferencia, el mensaje estaba muy claro: «es nuestra mirada la que condiciona y crea el mundo» y que la economía tiene mucho de psicología y de actitud y posicionamiento vital ante ella. Fue uno de los puntos que se remarcaron ante los directivos y ejecutivos que participaron en el congreso anual de CEDE. No el único. Mercado global. Que hay que competir en mercados cada vez más globalizados no es novedad y que el futuro pasa en buena medida por posicionarse en el mercado exterior tampoco, más al contrario, es casi una obligación. «Hemos de desmitificar el miedo a la globalización y verlo como una ventaja que nos permite hoy que los flujos de capital sean más ágiles», indicó Francisco Reynés, consejero delegado de Abertis Infraestructuras. Se trata de cambiar el miedo a salir por dotar de recursos los proyectos para que salgan adelante. El crecimiento económico se ha trasladado a los países emergentes y hay que saber competir ofreciendo valor más allá de costes salariales o de producción, por ahí no se puede. Eso sí, el presidente de Repsol, Antonio Brufau, puso un pero:«si el mundo se está globalizando, falta una gobernanza global». Innovación. Sigue siendo la asignatura pendiente para el grueso de las empresas españolas, en parte, explican porque la mayor parte sigue teniendo escasa dimensión y cuenta con un «defecto de capital» y un bajo nivel de industrialización. Pero ojo, que existe otro tipo de innovación que no está solo vinculada al producto, sino la que puede –y debe– aplicarse al ámbito organizativo. Desterrar el miedo al cambio, al riesgo, resulta asimismo fundamental, diagnosticaron algunos directivos, que insisten en que la clave está en las personas. «El que se sienta seguro y cómodo, solo estará certificando la defunción de su empresa», apostilló Estanislao Martínez, presidente de AGQ Labs. Para los directivos, la velocidad de cambio es tan alta «que es difícil aprovechar todas las oportunidades», alertó John M. Scott, presidente de KPMG España. Talento. Si tiene una misión el ejecutivo o directivo es servir de ejemplo, de inspiración, de motor para el equipo. Ser piedra de apoyo para los demás. La gestión del talento se ha hecho con éxito en España, dijeron, como demuestra el hecho de que haya muchos fuera del país ocupando puestos de responsabilidad en grandes multinacionales y al frente de las filiales que trabajan en el exterior. Porque si hay algo relevante en el seno de una empresa son sus personas, sobre todo aquellas motivadoras para cambiar las cosas. Cambio significa riesgo y ahí hay que trabajar, en perder el miedo al fracaso. No centrarse solo en los éxitos, en los grandes éxitos, sino celebrar las pequeñas victorias, los pasos que se dan y reconocer la labor del equipo, apreciarlo. Ahora bien, el directivo español está entre los mejores del mundo en conocimiento y capacidad técnica, pero tiene que mejorar algunos aspectos: «aceptar mejor la frustración, tener empatía con los que son distintos a nosotros, tener más disciplina, conocer mejor otras culturas y tener más precisión en la ejecución», según Javier Monzón, presidente de Indra. Para Ángel García Altozano, director general del Grupo ACS, el directivo español tiene una ventaja: un gran conocimiento del negocio. Empresa. Se trata de un proyecto a largo plazo, que no puede medirse únicamente en términos de datos macroeconómicos. Hay que analizar dónde se quiere estar, por qué, cuándo, en base a qué razones... con una visión clara que vaya más allá del día de hoy y teniendo clara cuál es la función social y económica de la misma. Es importante crear una cultura en la compañía que no penalice el fracaso y socialice el éxito, reflejaron los altos directivos. El presidente de Freixenet, José Luis Bonet, explicó cómo su abuelo se empeñó en exportar cava cuando «eso se veía como una locura». Fue una apuesta arriesgada que les llevó al éxito, si bien otras no tuvieron tanto. Tecnologías. Mirar su infinito potencial, con posibilidades nunca vistas antes para reforzar el liderazgo y posicionar las empresas, y no temerlas. La creación de puestos de trabajo irá muy vinculada a este sector puntero, señaló Julio Linares, de Telefónica. Para el presidente de Repsol, las empresas con éxito serán las que se posicionen bien en tecnología y entiendan las necesidades de la sociedad. Ética. Los casos de corrupción destapados en el ámbito público y privado en el país obligan a los directivos a ser más transparentes que nunca, más austeros y sobrios, y a impregnar de valores sus actuaciones porque son referentes no solo en el seno de sus empresas. Prisma moral, ético, valores, ejemplaridad, fueron palabras muy escuchadas.

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