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Recordando a Aleixandre

Magnífica idea la de ese homenaje pictórico a Vicente Aleixandre con artistas de primera magnitud en el vigésimo quinto aniversario de su muerte; magnífico porque -casi con sus mismas palabras- puede hacer que de nuevo se renueve su poesía cuando parece...

el 16 sep 2009 / 01:27 h.

Magnífica idea la de ese homenaje pictórico a Vicente Aleixandre con artistas de primera magnitud en el vigésimo quinto aniversario de su muerte; magnífico porque -casi con sus mismas palabras- puede hacer que de nuevo se renueve su poesía cuando parece que las hojas todas de aquel árbol se habían caído y también porque Sevilla, en la inquietante superación de la rueda de sus estaciones, parece como si no lo considerara un hijo suyo, como si no hubiera sido real que nació en la Puerta de Jerez, justamente en la Casa del Corzo, el poderoso Juan Antonio Vicentelo de Leca, cuando ya estaba a punto de sucumbir a la demolición.

Su sobrino nos traía anteayer sus pensamientos, su deseo de trasladarse de tanto en tanto de la madrileña calle Washingtonia a Sevilla para volver a escuchar en la gente el acento andaluz que ahora, veinticinco años después, a lo mejor ya no habría distinguido tan claramente, intoxicado por el tono y la fraseología ñoña de las telenovelas y los programas rosas, perdido ya el correcto loísmo de un castellano tan nuestro como de Iberoamérica en beneficio de leísmos y laísmos depredadores de la sintaxis, puestos en boga por lenguas tan asesinas como las de las retransmisiones deportivas.

Quizás esa seña de identidad se fuera, silenciosa, inadvertidamente, casi al mismo tiempo que el poeta, en el momento en el que todo eran loas y ditirambos para las diferentes normas lingüísticas territoriales, para la nuestra. Tal vez eso ya no tenga remedio y hayamos de decir, amigo...: todo está consumado. Así y todo Aleixandre ha retornado. Volviendo a pasear por su poesía podríamos verlo partir de su monumento de los Jardines de Cristina y caminar hacia el río, pasar por un puente a otro puente..., mirar aguas abajo la corriente y en el espejo su pasaje fluir, desvanecerse.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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