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Recuerdos que curan

¿Recuerda qué fue de su juguete preferido? Si tiene media hora, tome el autobús que va al Virgen del Rocío y regrese a su infancia.

el 15 dic 2010 / 21:11 h.

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Se golpean, se ensucian y se pierden; también se cuidan, se guardan con cariño y algunos acompañan en los mejores recuerdos. Algunos preferían los coches de hojalata y el tac-tac del andar de su rueda, otros se quedaban embobados con el tren eléctrico cual serpiente sobre raíles y árboles de maqueta. Se sabe que los griegos ya eran aficionados a jugar con el yo-yo, y entre pirámides y esfinges los niños egipcios estrenaban sus primeras muñecas. Quizás el juguete sea tan antiguo como la infancia misma.

Expectantes por volver a ser los protagonistas que un día fueron, así descansan los 180 juguetes antiguos de la exposición Juegos en la Memoria, que ya se puede visitar en el patio central del Hospital Virgen del Rocío. Todos ellos llenan ahora un espacio normalmente diáfano, abierto al cielo y limitado por paredes de ladrillo oscuro. José Quintas, enfermero del hospital, es el propietario de esta colección que reúne juguetes que fueron creados entre los años treinta y setenta. Quintas ha querido rescatarlos por segunda vez de las profundidades de su hogar para traerlos al hospital. La primera exposición se hizo hace cinco años, tiempo suficiente para que su colección fuera creciendo a base de continuas aportaciones, "incluso con 17 años yo seguía pidiendo juguetes por Navidad".  

Son vestigios de cartón gastado, de hojalata desconchada o de plástico. Pero sobre todo son recuerdos de los primeros años de la vida de una persona. Para José Quintas son su presente y previsiblemente su futuro, "cada Navidad me cae alguno por Reyes". Este sevillano guarda casi 200 juguetes en su casa, no los ha contado todos ni es probable que lo haga, demasiado trabajo supone rebuscar en los altillos, en cajas de cartón y la memoria. Parece tarea difícil que de todos los juguetes que posee pueda elegir uno, pero entre titubeos y dudas lo hace. Sobre cuatro precarias ruedas avanza un cochecito de los años cincuenta, la pintura desvaída habla de cuando su patria no era Alemania sino la República Federal Alemana. Un pequeño coche de cuerda que es toda una institución en historia es su favorito, es a la vez una caja de música. Él los llama sus niños y apunta que cuando vuelves a tener en la mano un juguete que te acompañó cada tarde de tu infancia, es una sensación increíble.  

De él partió la idea de volver a realizar la exposición de los juguetes. La mayoría son suyos pero hay cerca de diez que son prestados; amigos, familiares y conocidos comparten su afición por el recuerdo. Verdaderamente incluye juguetes fabricados desde el final de los años veinte y principio de los treinta hasta los setenta. Hay piezas que están en muy buen estado, guardan un toque especial de cuidado. Pero también hay otras que están bastante más estropeadas. Estos son los juguetes jugados,  los que de verdad han vivido la infancia de un niño con todos sus golpes y risas. Un caso curioso es el de un pequeño coche que pese a tener ochenta años de antigüedad está perfectamente conservado; son estos, los que tienen la firma que refleja que se hicieron con cuidado, a los que Quintas les tiene más cariño. Hay una auténtica joya de la locomoción: imitando el oleaje del mar, de hojalata sin que falte ningún detalle, con su pequeña ancla dibujada y su motor de vapor. El portaaviones de cuerda tiene dos pequeñas ruedas que imitan el bamboleo del agua, y el mareo se refleja en las caritas de los pasajeros dibujados en las ventanas. Sobre el eje de su torre dos aviones dan vueltas al ritmo que marcan los engranajes.

Dentro de la exposición diferentes ocupaciones marcarán el camino del visitante. Primero el cartón, representante del juguete popular y aventurero, enemigo acérrimo del agua. Los de hojalata, con pinturas hechas a mano y cuidados mecanismos. Desde una completa fabricación artesanal, siempre al servicio de la fantasía y el juego. La revolución juguetera llega con el movimiento, desde un preciso mecanismo de relojería que nada envidia al suizo, hasta las ruedecitas que empujan una y otra vez para hacerlos avanzar. Ya los trenes eléctricos han sido y siguen siendo pasión de muchos, pero está bien recordar que una sola cuerda basta para que un niño juegue.

No se puede olvidar que el hospital es el contexto juguetero, por lo que tiene que haber obligatoriamente una sección de juguetes y sanidad. Al sonido de la frase yo de mayor quiero ser doctor muchos de los juguetes que representan la medicina tienen aquí su hueco. Los juguetes de botiquines y ambulancias nacen sujetos a las guerras de soldaditos de carne y hueso; jugar a que se encuentra la cura a los problemas fue la misión de los primeros juguetes con faceta sanitaria. Desde carros tirados por caballos, cargando con los soldaditos de plomo de Andersen, mirada al frente y fusil al hombro, hasta ambulancias y equipos de diagnóstico. No se pregunta por el valor de la colección, ¿cómo se mide el valor de un recuerdo? Para José Quintas esto es simplemente un tesoro.

De utilidad:
Qué: Exposición de juguetes antiguos, Juegos en la Memoria. Un total de 180 juguetes, fabricados entre los años 30 y 70, que salen de la colección de José Quintas. Estará hasta el 10 de enero.
Dónde: En el Patio Central del Hospital Virgen del Rocío.
Horario: Desde las 9 de la mañana hasta las 19 de la tarde.
Para ver: Una colección de juguetes de hojalata, cartón o plástico. Hay una sección dedicada a los juguetes y la sanidad: ambulancias, enfermeras y botiquines.

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