Cultura

Recuperación incompleta de Talavante en un festejo triunfalista

Una corrida de marcado acento mediático -solo faltó Rivera Ordóñez- sirvió para inaugurar las amables fiestas Colombinas en un tono triunfalista que no siempre estuvo en consonancia con lo que realizaron los espadas, que cortaron un buen número de orejas.

el 16 sep 2009 / 06:32 h.

Álvaro Rodríguez del Moral

Una corrida de marcado acento mediático -solo faltó Rivera Ordóñez- sirvió para inaugurar las amables fiestas Colombinas en un tono triunfalista que no siempre estuvo en consonancia con lo que realizaron los espadas, que cortaron un buen número de orejas. Al Cordobés le tocó romper plaza con un toro mansurrón, suelto y rajado que huía de las suertes. Inasequible al desilento, Manolo Díaz lo sobó en los primeros compases de la faena pero al toro le costaba un mundo embestir y salía de los embroques distraído, sin emplearse en el engaño. Así era imposible.

Con el cuarto llegó lo suyo, sacándoselo a los medios haciendo giños a su presunto progenitor con unos muletazos de desprecio que cosió a una templada serie diestra. Manolo Díaz se impuso a las asperezas del toro y sacó lo mejor de sí mismo pero el astado no quería coles y la faena acabó diluyéndose sin que se quebraran las ganas de agradar del mas genuino Cordobés, que no escatimó el salto de la rana y salió con el corbatín enredado en un pitón tras la estocada, cobrada a toma y daca.

Completando la faceta mediática del festejo inaugural de las Colombinas 2009, El Fandi bulló más que templó con el capote la vibrante embestida del segundo de la tarde. Poco sobrado de fuerzas, este precioso castaño albarado quedó prácicamente crudo en varas antes de que El Fandi se empleara en un brillante tercio de banderillas: el primero fue de moviola; cuarteando en los medios el segundo y el tercero al violín, arrancando desde el estribo. Se había venido arriba el toro con importancia pero el diestro granadino se perdió en un trasteo inconexo que nunca estuvo a la altura de la bravura del animal, al que le faltó un punto de calidad. Galopó el toro en el inicio de faena, con el torero hincado de rodillas, tirando de él con temple. La bravura de la res de Martelilla -a la que le faltó humillar- exigía mucho más y a la larga faena, trufada de algún buen pase suelto, le faltó verdadero argumento. El toro quedó inédito aunque el personal estaba encantado de la vida. Con el quinto brilló con el capote y volvió a meterse a la parroquia en la canasta manejando los palos. Con la muleta se esforzó en una faena entregadita y variada, muy de cara a la galería y por encima de las asperezas de su enemigo, que se movió sin clase.

Talavante llegaba acompañado de esa duda eterna, de saber si sería capaz de salir de su propia tiniebla para reeditar ese torero luminoso que cada vez se antoja más lejano. El tercero se empleó con codicia y humilló en el capote del extremeño, al que le faltó compromiso en la muleta para cuajar a un enemigo pronto, noble, obediente y un punto rajado al final.

Talavante buscaba la compostura pero no llegó a descararse de verdad con el de Martelilla en un trasteo falto de ajuste que sólo dejó entrever algún destello opaco de esa precoz brillantez que le elevó prematuramente a un estrellato inasumido que le está pasando una dura factura. Con el sexto, bravo y boyante, se quedó quieto -ésa es la verdad- y aunque mejoró el tono del trasteo, Talavante sólo esbozó una recuperación incompleta en una faena de menos a más que brilló especialmente en el toreo al natural, largo, templado y sedoso. El lote sorteado le habría permitido salir del ostracismo en que se encuentra: ¿Llegó a conseguirlo? Persiste la duda.

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