Cultura

Recuperan un cráneo preincaico perdido tras la Expo del 29

Se expuso en el Pabellón de Perú y ahora, 80 años después, aparece a raíz del fallecimiento del médico al que se lo regalaron.

el 11 ene 2011 / 22:18 h.

Vista desde atrás del cráneo donde se observa la inscripción del año 1931.

Si la cogiera Íker Jiménez, le daba para un programa monográfico, pues la historia tiene todos los ingredientes para formar parte de uno de los expedientes X que tanto le van al presentador de Cuarto milenio.

Resulta que 80 años después de la Expo del 29 se ha tenido noticia y constancia de un cráneo -o lo que queda de él, que no es poco- preincaico de más de 2.000 años procedente de Cuzco y que se expuso, junto a varias momias, en el Pabellón de Perú.

Clausurada la muestra, el pabellón se desalojó pero hubo piezas que, al parecer, no regresaron. Una de ellas fue esta calavera de varón que, tal como detalla el profesor Jesús Ambrosiani, del departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad de Sevilla, que la está estudiando, "fue regalado por el entonces cónsul peruano a un médico de Sevilla", que lo ha conservado hasta que, una vez fallecido, su esposa se lo hizo llegar al exdirector del Museo Arqueológico de Sevilla, Fernando Fernández.

Es así como se ha dado con la pista de una pieza patrimonial que nadie reclamaba hasta que ha saltado a la palestra. De inmediato, el Gobierno peruano, a través de su cónsul en Sevilla, se ha interesado por su recuperación, algo que será factible porque la Hispalense trabaja con esa intención. Eso sí, tras haberlo estudiado. Ambrosiani, como su colega de Medicina Legal Leandro Picabea, están encantados con el hallazgo.

"No se le presenta a uno la oportunidad todos los días de investigar un cráneo de estas características y antigüedad", resalta el primero, quien describe en la calavera tres curiosidades: la primera, un diente de la mandíbula superior que en vez de crecer hacia abajo, lo hizo hacia arriba, incrustándosele al sujeto bajo el ojo; la segunda, que está desprendida toda la parte anterior de los huesos maxilares, "lo que sugiere que tendría alguna anilla u objeto ritual similar que le fue arrancado".

La tercera no es preincaica, sino del año 1931: se trata de una inscripción a tinta en la que da fe de su periplo tras ser expuesto. En ella el artista-pintor Antonio Plata Olmedo atestigua que se la regaló su amigo Ismael Pozo, "eminente escritor peruano".

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