Toros

Redescubriendo a Pascual

El antropólogo forense Francisco de Asís López Sánchez ha puesto en valor la figura del infortunado diestro manriqueño al cumplirse cien años de su nacimiento.

el 05 dic 2014 / 17:02 h.

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El autor ha manejado documentación y blibliografía de la época pero también ha contado con el testimonio de su familia. / Pedro Rodríguez de la Vega El autor ha manejado documentación y blibliografía de la época pero también ha contado con el testimonio de su familia. / Pedro Rodríguez de la Vega El centenario del nacimiento de Pascual Márquez, el bravo y menudo diestro de Villamanrique de la Condesa, ha abierto una ventana al conocimiento de su figura taurina pero también al de su drama humano. Dentro de ese clima se enmarca el libro del profesor Francisco de Asís López Sánchez, un antropólogo forense emparentado con el infortunado matador y descendiente de la histórica dinastía campera y manriqueña de los Planeta. El autor ha buceado en la documentación y la bibliografía de la época pero, sobre todo, ha contado con un testimonio impagable: el prestado por su propia familia. «El libro –El torero olvidado– partía de otras obras anteriores como las de Manuel Algarra Fuentes en 1941 o lo que amplía Manuel Bernal en 1998 pero nadie había estudiado las circunstancias de su fallecimiento; había bastantes lagunas», señala el autor que reconoce cierta «deformación profesional» para comenzar a investigar, especialmente en los condicionantes que rodean la muerte del torero. Fruto de ese trabajo fue el descubrimiento de algunos documentos vitales para conocer la dura agonía de Pascual Márquez, brutalmente corneado por un toro de Concha y Sierra en la plaza de Las Ventas el 18 de mayo de 1941. Francisco de Asís López Sánchez ha manejado, entre otros papeles, el parte médico original emitido después de la terrible cornada que le atravesó y le destrozó el pecho. El autor también arroja luz sobre algunos puntos oscuros: el torero permaneció ingresado en la propia enfermería de la plaza varios días y sólo fue trasladado a un sanatorio ante la inminencia de una nueva corrida de toros que no se podía celebrar mientras el infortunado diestro agonizaba en la enfermería venteña. «Intuyo que la decisión de trasladarlo se tomó a raíz de la negativa de un compañero a hacer el paseíllo si Pascual estaba muriéndose dentro de la misma plaza», precisa Francisco. López Sánchez también desvela otros datos relevantes que podrían unir las causas definitivas de la muerte del diestro manriqueño con las circunstancias del fulminante fallecimiento de Manolete en 1947, varias horas después de la cogida de Linares y a raíz del plasma administrado por el doctor Jiménez Guinea. «Hubo una transfusión de sangre que podría ser básica para entender la muerte de Pascual Márquez, que se produce 90 horas después de practicarse, a la vez que se agravan todos los síntomas», precisa López, que también ha realizado un completo análisis de la evolución del herido y las circunstancias que rodean su trágica desaparición desde una perspectiva estrictamente científica. Hay otras pinceladas hacia el drama personal e íntimo de Pascual Márquez, un luchador que salió de la nada pero fue perseguido por la mala suerte en los negocios, en los ruedos –a pesar del terremoto que supuso su irrupción en la Sevilla de mediados de los años 30– pero, sobre todo, en el amor. El torero quería –y era correspondido– a una mujer de muy distinta clase social. Aquella mujer no acudió a su lado durante la terrible agonía pero recibió una cruz y una cadena que sellaban un amor que también enterró el pitón de Farolero, el toro de Concha y Sierra que inmortalizó a aquel torero menudo que recibió el sobrenombre del Tesoro de la Isla.

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