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Reflexión cuaresmal

Siempre en estas fechas puedes permitirte unos momentos de reflexión provocados, la mayoría de las veces, por algún comentario que te llega o escuchas directamente sobre la imprescindible labor...

el 15 sep 2009 / 01:29 h.

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Siempre en estas fechas puedes permitirte unos momentos de reflexión provocados, la mayoría de las veces, por algún comentario que te llega o escuchas directamente sobre la imprescindible labor que un miembro de la hermandad viene desarrollando en la misma. Y, sin pretenderlo, te das de cara con esa persona que en todas las hermandades existe, provocando innumerables afectos inquebrantables y, a veces, según sopla el viento, antipatías o despegos dicho esto de forma misericorde. Nada funcionará si él no está, todo quedará a medio hacer si falta su recomendación, los resultados serán necesariamente buenos o malos de conformidad con que su intervención se moviera aceptando o rechazando la propuesta o proyecto en cuestión. Estoy denostando la figura de esa persona que, en la mayoría de los casos lo da todo por su hermandad? Por supuesto que nada mas lejos de mi intención. Me atrevería a decir y a pedir a Dios que nunca falte en nuestras hermandades ya que son impulsores de muchas actividades y por qué no aceptarlo alentadores de su desarrollo activo en esos momentos concretos a los que solemos llamar coloquialmente "épocas..". Nuestra memoria cofrade nos llevará de la mano al grato recuerdo de muchos nombres que han conformado tiempos esplendorosos y brillantes en sus hermandades y su recuerdo con respeto y cariño es el mejor homenaje que le podemos prestar.

Estoy convencido de que no quisieron ni quieren nada mas. Su mayor premio, galardón o timbre de gloria no vendrá de la mano de medallas, placas o cuadros laudatorios, aunque nada de ello sea rechazable, sino, estoy convencido, de la íntima satisfacción de haber cumplido, en muchos casos hasta el exceso si cabe, la función que le fue encomendada y él mismo aceptó voluntariamente. Lo importante a considerar también es que dichas personas deben tener, en lo posible, una " medida " del tiempo, de tal modo que sea consciente de que todo empieza y termina; cuando este momento llega, su mérito estará en aceptar que otras personas deben, por derecho y obligación asumida, coger el timón y a partir de entonces su misión consistirá en, desde la prudencia, limitar su cometido a dar el consejo que se le solicite y aceptar de buen grado que, al igual que los últimos serán los primeros en el servicio también los primeros, como signo de obediencia y humildad, serán los últimos. Ello será una gran lección en la hermandad que servirá de ejemplo y modelo.

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