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Regalos con un sello muy personal

Por 25 euros, Correos le hace un pliego de sellos con la imagen que usted quiera y válidos para franquear las cartas. Puede elegir la foto que guste, salvo personas. Sólo la Familia Real y los muertos ilustres tienen ese derecho.

el 16 sep 2009 / 02:05 h.

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Dos personas al sol que fotografían un termómetro en Sevilla a la hora de máximo calor y en pleno mes de julio... ¿se consideran personas vivas o muertas? Más aún, ¿serían personajes dignos de un reconocimiento público? Es probable que el fotomontaje de esta página, hecho desde el cariño, fuese rechazado por Correos si uno quisiera convertirlo en sellos a 25 euros el pliego (o sea, a euro el sello). La razón es que, por un principio anacrónico que quizá algún día se planteen cambiar, en los sellos no pueden aparecer más seres humanos que los miembros de la Familia Real y personajes ya fallecidos a modo de homenaje póstumo.

Quiere esto decir que si usted quiere sorprender a su abuelo en su cumpleaños regalándole un pliego postal que lo recuerde, Correos le permite estampar sus pantuflas, su bastón, su dentadura postiza, la tarta con las ochenta velitas o su butaca de las siestas, pero no a su abuelo propiamente dicho. Esto se antoja un inconveniente, considerando que lo que pretende la sociedad estatal, a fuer de lógicos, es vender sellos para reponerse de la apabullante victoria del email en las comunicaciones entre personas y entre empresas. Aunque este incordio puede verse también como un estímulo a la imaginación del solicitante, si éste, recreciéndose ante los impedimentos, acierta a elegir para el sello una imagen que conmueva a dicho abuelete o a quienquiera que sea que vaya a recibir el pliego: su Cristo, su casa del pueblo, su perro, el escudo de su equipo...

Otra norma, según han informado desde Correos, es que las imágenes y mensajes representados en el sello que se desee encargar deben tener un sentido positivo (este criterio debe de ser nuevo porque anda que no había sellos de Franco). Un puñal ensangrentado no vale, suponiendo que alguien estuviese pensando en ello. ¿Valdría, en cambio, un termómetro urbano que marcase 46 grados? ¿Y qué mensaje positivo se supone que sería ése? ¿La formidable capacidad de resistencia humana? Seguro que los turistas se los llevarían a manojos o los usarían para sus postales de vacaciones.

El servicio éste de los sellitos de encargo nació el 1 de enero de 2007, fecha desde la cual la sociedad estatal ha recibido 8.795 encargos de particulares y empresas de los que han salido más de un millón de sellos tan variados como pueda imaginarse. Las estampaciones más solicitadas son anagramas de empresas, monumentos, imágenes de culto, personajes célebres, mascotas, fechas de bodas o aniversarios... El Betis, con motivo de su reciente centenario, solicitó cuatro modelos personalizados, aparte del que Correos le dedicó (como a todos los demás equipos españoles que han cumplido cien años). El Ayuntamiento de Palos de la Frontera eligió la figura del cartógrafo y marino Juan de la Cosa. La municipalidad sevillana, animada por esos precursores, podría pedir sellos en los que se representara un gran charco de cera derretida en el pavimento; con ello honraría a los cofrades y a las dos turistas de la foto, más cuantas hayan de venir todavía.

No le costaría tanto. El pedido mínimo es un pliego y el máximo de 120 (3.000 sellos), y todos contarían con la garantía de calidad de haber sido producidos por la Real Casa de la Moneda-Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, que no se anda precisamente con fotocopias: trabajo fino. El precio incluye todo el proceso: validación de las imágenes para considerarlas aptas o no, elaboración, impresión, envío a domicilio en un plazo de 30 días y el valor facial de cada sello, que viene marcado por la letra A (hasta 20 gramos, el franqueo estándar) y su validez permanente, aunque suban los precios.

El papel es fosforescente; añádase este dato al conjunto de virguerías que ennoblecen el producto filatélico. La cosa no queda ahí, porque la cabecera del pliego permite introducir un texto libre de hasta 36 caracteres para terminar de personalizar el encargo (por ejemplo, con un mensaje de felicitación). El caso es que ante tamaño derroche de ingenio y de cariño, la tentación de acercarse a algún lugar escarpado a despeñar el ordenador con todos sus emails y todos sus outlooks se va tornando irrefrenable por momentos. Encima son autoadhesivos, con lo que no hay que darles el lengüetazo. Bueno, las turistas de la foto podrían humedecerse los sellos en el cogote. ¡Si es que en Sevilla todo son ventajas!

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