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Regreso al hogar improvisado

Una decena de indigentes vuelve a ocupar el edificio municipal de las Naves del Barranco, que sigue sin uso concreto.

el 27 dic 2011 / 21:14 h.

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Con la llegada del invierno, los aledaños de las Naves del Barranco han vuelto a convertirse en el hogar provisional de más de una decena de indigentes. Un campamento improvisado en la parte trasera de este edificio que les ha permitido combatir las bajas temperaturas de estas noches navideñas. Y todo, con una inusual aceptación por parte de un grupo de vecinos que, frente a aquellos que han denunciado su presencia, destacan la actitud de respeto con la que vienen comportándose desde su llegada.

 

No es la primera vez que los propietarios de las viviendas de la calle Arjona y sus alrededores se encuentran con esta nueva realidad junto a sus casas, la última allá por el verano del año 2010. Es más, es habitual que durante todo el año este grupo de indigentes ande vagando por el entorno del río, especialmente por la zona de los bajos del Puente de Triana y el entorno de la Torre del Oro. Un hecho que ha provocado que en los últimos días, un grupo de vecinos de la zona haya denunciado su regreso a este refugio improvisado. Aunque lo cierto es que no todos comparten esa misma opinión.

"Yo vengo al logopeda con mis hijos de forma habitual y no puedo tener quejas de ellos porque son muy amables al ayudarme a aparcar", explicaba una joven que paseaba por la zona. Lo cierto es que, a pesar de que algunos colectivos vecinales ya han alertado de su presencia en el lugar, para la gran mayoría de los propietarios su refugio en el antiguo edificio de las Naves del Barranco no supone ningún inconveniente de cara al bienestar de su vida diaria. Es más, incluso les agradecen algún que otro servicio de cara a la comunidad.

Así lo manifiesta uno de los empleados de la churrería situada a los pies del Puente de Triana, desde donde observan a diario la presencia de este grupo de indigentes en el entorno de este antiguo edificio. "De vez en cuando barren la zona e incluso limpian todo aquello que ellos mismos ensucian. De hecho, Lipasam no tiene mucho trabajo con ellos y los deja actuar", contaba. Según su experiencia, en el mes y medio que llevan viviendo en la zona, "no han dado ningún problema a los vecinos ni a los que pasan por aquí a diario".

Por el momento, los servicios sociales del Ayuntamiento no han actuado sobre esta situación que, a pesar de no haber provocado ningún conflicto, se antoja como algo provisional. De hecho, su presencia choca con la idea del PP de convertir el edificio en un mercado gourmet de especialidades, tal y como anunció el mes pasado el portavoz del Gobierno municipal, Francisco Pérez. Un proyecto que, aunque aún no tiene una fecha concreta para su ejecución, pretende ceder las instalaciones durante dos décadas para que el adjudicatario afronte las obras de rehabilitación para adaptar este espacio.

Mientras desde el Gobierno se busca una solución para esta decena de indigentes que han hecho de la Naves del Barranco su hogar improvisado, su presencia en la zona y su convivencia con la mayoría de los vecinos ha mostrado que el respeto puede llegar a suplir a la realidad en una situación de exclusión social como ésta. Quizás sea uno de esos milagros que la Navidad trae a la ciudad cada año.

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