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Regreso al punto de partida

La búsqueda del cadáver de Marta del Castillo en el río ha retornado al punto en el que comenzó hace siete días: justo al pie del puente de Camas, donde Miguel Carcaño confesó haber arrojado el cuerpo envuelto en una manta y con la ayuda de su amigo Samuel Benítez. La Policía ha dado el testigo a los submarinistas de la Guardia Civil, más especializados en este tipo de rastreos. Foto: Javier Díaz.

el 15 sep 2009 / 22:57 h.

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D.Cela./ I.Comesaña

La búsqueda del cadáver de Marta del Castillo en el río ha retornado al punto en el que comenzó hace siete días: justo al pie del puente de Camas, donde Miguel Carcaño confesó haber arrojado el cuerpo envuelto en una manta y con la ayuda de su amigo Samuel Benítez. La Policía ha dado el testigo a los submarinistas de la Guardia Civil, más especializados en este tipo de rastreos.

Las lluvias y las crecidas de agua que hubo en Sevilla en los días posteriores a la desaparición de Marta pudieron arrastrar el cadáver río abajo, hasta puerto Gelves, donde quedan enganchados muchos animales muertos en los alambres de la antigua zona portuaria, o podría incluso haber llegado al mar. La convivencia diaria entre las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación en el caso de Marta del Castillo hacen que las tesis de un día sirvan de poco a la mañana siguiente. Ocurre con las hipótesis que extrajo la Policía de las confesiones cruzadas de los cuatro acusados, que resultaron ser contradictorias e hicieron tropezar o, al menos, ralentizar el ritmo de la investigación. También pasa con la búsqueda del cadáver de Marta en el fondo del río Guadalquivir.

Hace una semana, Miguel reconoció haber llevado el cuerpo hasta el puente de Camas, que sólo tiene un carril para el autobús y dos vías para la bicicleta, y dejó caer el cuerpo desde arriba, ayudado de su amigo Samuel. Esa confesión hizo que la Policía movilizara un despliegue de efectivos insólito en los bajos del puente de Camas. Los buzos de la Policía Nacional estuvieron en ese punto, las unidades de élite del Ejército centraron sus batidas en las marismas cercanas a Isla Mayor y una patrullera del servicio marítimo de la Guardia Civil recorrió el trayecto entre Sevilla y Sanlúcar. Con los días, el dispositivo seguiría creciendo y ensanchando el cerco de búsqueda. Pero de momento todo ha sido en vano.

Cuerpo en movimiento. El mayor problema de la búsqueda es que el cuerpo puede estar moviéndose bajo el agua, empujado por las mareas. De manera que un día puede estar en un sitio, y al día siguiente desplazarse a un espacio que los buzos ya habían inspeccionado. No se pueden descartar tramos del río a la ligera, eso depende de un estudio pormenorizado de la pleamar y de las subidas y bajadas del agua.

Por todo ello, la Guardia Civil regresó ayer al lugar donde había comenzado la búsqueda del cuerpo de Marta hace siete días, en los bajos del puente de Camas. Los especialistas en actividades subacuáticas aprovecharon una hora concreta para la inmersión (hora de reparo), cuando no hay bajadas ni subidas de la marea.

En esa franja horaria, que varía cada día, la búsqueda submarina es más efectiva y más segura para los buzos. Para alargar el tiempo que los especialistas pasan bajo el agua, la Guardia Civil hizo uso de una cámara hiperbárica, parecida a la que usan los astronautas cuando regresan del espacio, y que básicamente sirve para evitar que el cambio de presión al salir de la profundidad a la superficie dañe al buzo. Los equipos subacuáticos que trabajaron ayer están más habituados a hacer este tipo de trabajos que los buzos de la Policía Nacional, que ya rastrearon esta misma zona los primeros días. Volvieron a usar detectores de metales, por si el cadáver estuviera enganchado en el fondo. Un helicóptero también se incorporó ayer a la búsqueda sobrevolando el río, aunque se retrasó a causa de la niebla.

El operativo que rastrea el paradero de Marta cuenta con efectivos del Grupo Especial de Operaciones (GEO) y los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES); buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), embarcaciones del Servicio Marítimo, dos helicópteros, uno de la Policía y otro de la Guardia Civil; efectivos de la Unidad Adscrita de la Policía Nacional de la Junta; Bomberos; Protección Civil; y personal de la Autoridad Portuaria.

Con una superficie de búsqueda de aproximadamente 80 kilómetros del cauce del Guadalquivir, el dispositivo ha incorporado a sus filas un vehículo de altura y una unidad de caballería de la Policía Nacional, además de reestructurar la organización pasando de siete a nueve subzonas. También participan 13 perros de rastreo coordinados por el comisario jefe de la Brigada de la Policía Judicial de Sevilla, Manuel Piedrabuena.

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