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Relaciones políticas: la Coca Cola, la Pepsi y la deuda histórica de Andalucía

Será cosa de la crisis o de la astenia primaveral, pero en Madrid corre un runrún de horas bajas en La Moncloa, con una gana ubérrima de hacerle un repelladito al Gobierno aunque no se sepa a ciencia cierta si tocará antes o después de las europeas.

el 16 sep 2009 / 00:34 h.

Será cosa de la crisis o de la astenia primaveral, pero en Madrid corre un runrún de horas bajas en La Moncloa, con una gana ubérrima de hacerle un repelladito al Gobierno aunque no se sepa a ciencia cierta si tocará antes o después de las europeas. Quizá por ello pareciera como si en Andalucía hubiese a su vez un ramalazo de barbas en remojo en las casas del pueblo: las expectativas del PP suben y los socialistas andan como perdidos en un si-no-si con la margarita de la sucesión de Chaves.

En ese contexto, el debate de la deuda histórica no es más que un grano que difícilmente hará granero porque a pesar del tiempo que llevamos reivindicándola, quien más y quien menos cree que se trata de un tanto por ciento del pago de las tierras que el duque de Medina Sidonia le mangó a los moriscos. Por lo común, es lamentablemente un debate para iniciados que no contagia a la medula espinal de la ciudadanía.

No convendría que el socialismo andaluz volviera a restaurar, en ese contexto, su agraciada muletilla de la pinza. La Izquierda Unida de hoy, que representa DiegoValderas aunque le escolte Sánchez Gordillo como un poster del Che en la alcoba de un progre de los 70, no es comparable a la estrategia de Luis Carlos Rejón y Julio Anguita. En el fondo, no yerran aquellos que creen que el PSOE e IU son como la Coca-Cola y la Pepsi: se dirigen a un mismo mercado y aunque sus clientes son distintos, ocasionalmente pueden consumir el otro refresco ideológico aunque sus líderes se tiren los cascos de cristal a la cabeza.

Respecto a la deuda histórica, IU sigue en sus trece, como siempre, en una lógica pero al mismo tiempo razonable pancarta de máximos. La noticia es que el PP se haya sumado a esta trinchera tras ocho años de caso omiso en La Moncloa, cuando Aznar incluso era incapaz de recibir en audiencia al presidente andaluz.

Harían bien los socialistas en dar cariñito a sus competidores de la izquierda, en vez de ningunearles y sentirse a veces visiblemente molestos por su existencia. En los raros horizontes electorales que empiezan sucesivamente a avecinarse, siempre será mejor que los consumidores de democracia que se muestren descontentos con la marca más comercial, se inclinen por la otra, antes de acabar bebiendo la zarzaparrilla de la abstención. Esa última elección sólo beneficiaría a las gaseosas más conservadoras.

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