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Religión, fiesta y economía

Víctor P. Escolano ponía ayer, como todos los lunes, el dedo en una llaga: la del espacio de la laicidad, en este caso. Dejando aparcado el de bodas y entierros, lo que más espacio ocupa en la manifestación religiosa pública.

el 15 sep 2009 / 07:34 h.

Víctor P. Escolano ponía ayer, como todos los lunes, el dedo en una llaga: la del espacio de la laicidad, en este caso. Dejando aparcado el de bodas y entierros, lo que más espacio ocupa en la manifestación religiosa pública, pero ahí es donde, a mi modo de ver, la cuestión no es planteable porque, en realidad, donde se dice religión deberíamos decir fiesta. La única fiesta sevillana con espacio propio es la Feria, una celebración civil; todas las demás son religiosas y ocupan la ciudad el tiempo que duran. Pero la ocupan -y la mayoría de la ciudadanía deja que la ocupen- porque van sobre unas andas triangulares: son religión, fiesta y negocio, o sea, son como lo eran en el siglo XVI, pasadas por el XIX para atraer viajeros.

Ya allí Velázquez y Sánchez escribía de la conveniencia de una alianza cívico-religiosa para la ciudad. Si en Semana Santa las puertas de las iglesias permanecieran cerradas para las cruces de guía, también lo estarían las de los bares, restaurantes, floristerías, cererías, cordonerías, mercerías? La fiesta -no la religión- es el gran negocio de Sevilla, la única industria que no ha sido coyuntural a lo largo de dos siglos; ha sido y es -y lo digo sin doble sentido- su salvación. Otra cosa es que de tener ese mango de sartén se esté aprovechando más de uno para estar todo el año dando la matraca, que sólo debería sonar el Viernes Santo.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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