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Remiendos para la crisis

Las ventas de automóviles caen en picado y ni siquiera en rebajas la ropa y el calzado encuentran salida. Pero los coches siguen estropeándose y los zapatos se gastan. Como no hay mal que por bien no venga, la crisis ha revitalizado viejos oficios como los talleres mecánicos o los zapateros remendones.

el 16 sep 2009 / 01:13 h.

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Las ventas de automóviles caen en picado y ni siquiera en rebajas la ropa y el calzado encuentran salida. Pero los coches siguen estropeándose y los zapatos se gastan. Como no hay mal que por bien no venga, la crisis ha revitalizado viejos oficios como los talleres mecánicos o los zapateros remendones.

Francisco Moya lleva 25 años en su taller sevillano como zapatero y desde el final del verano, junto a los clientes de siempre, está viendo caras nuevas de gente "que antes tiraba los zapatos, no tenía costumbre de ponerles tapas o suelas, ellos mismos lo dicen, y ahora sí". Calcula que la actividad ha aumentado un 40%, "incluso en calzado barato, de los chinos". "En estos casos, nosotros avisamos al cliente de que quizás no merece la pena, pero aún así lo arreglan", explica.

También son más las mujeres que acuden a que les repongan las cremalleras de sus bolsos. "A lo mejor les cuesta 18 euros pero prefieren arreglarlo porque uno nuevo les vale 40", relata Moya, presidente de la asociación profesional de reparadores de calzado, con 200 afiliados en la provincia.

Sin embargo, lo que sí ha bajado, según afirma Moya, es "la venta de complementos, como los cordones o las cremas para limpiar la piel y el ante. Ahí la gente busca productos de gama más barata".

No es el único sector para el que, contra la tónica general, la crisis ha traído más trabajo. La Federación Andaluza de Talleres de Automóviles aglutina a 6.000 establecimientos de mecánicos y desde el suyo de Jaén, su secretario general Ramón Calatayud asegura que al sector "trabajo no le falta, el problema es cobrar". "La gente intenta aguantar todo lo que puede con el coche y si no se cambian, los viejos cada vez necesitan más reparaciones", explica.

Sin embargo, este incremento de la actividad no está repercutiendo en más beneficios para los talleres por los problemas de cobro: "Sobre todo en pueblos pequeños, la gente acude al taller de toda la vida y ¿qué haces?, ¿no se lo arreglas?, son clientes de siempre pero te dicen que no pueden pagar". Y el problema, dice, no es la mano de obra, "que puedes acceder a no cobrarla, sino que los materiales hay que pagarlos. Nosotros estamos recomendando que por lo menos pidan adelantos para cubrir el coste de las piezas".

También han notado un aumento de coches que requieren reparaciones costosas sobre las que el taller hace un presupuesto y "el cliente dice que se lo va a pensar, deja el coche y no vuelve". Calatayud se queja de que no exista un procedimiento que permita llevarlo al desguace pasado un tiempo si el dueño no da el consentimiento.

En el caso de la ropa, modistas y costureras no han notado tanto un aumento de encargos como un cambio en la tipología de los mismos. Así, si tradicionalmente se dedicaban a recortar mangas, coger bajos de los pantalones o sacarle el talle a esa falda que se quedó estrecha, cada vez más ven cómo la gente rebusca en el fondo de armario para sacar partido a ese antiguo abrigo que ya no se ponía pero quiere recuperar o a ese traje de fiesta que hay que transformar para usarlo en varias bodas.

El sector de arreglos textiles está muy dominado por las franquicias, muchas vinculadas a servicios más amplios como las tintorerías. Pero también hay costureras y modistas con sus propios locales. Es el caso de La casa de la costura en Almería, cuya encargada Ana Muñoz asegura que "se nota mucho que el fin de semana la gente mira el armario, porque el lunes y el martes entran muchos clientes con chaquetas olvidadas para reformar".

Encarnación Gómez, modista desde hace 40 años en Málaga, montó hace siete un taller de Arreglos Express. "Siempre he tenido trabajo pero ahora viene gente con arreglos distintos, como abrigos antiguos que los sacan para reformarlos o trajes de fiesta que tienen que servir para distintas bodas. Se nota que la gente recicla más la ropa". Y es que la crisis económica no está reñida con ir a la moda y dar un aire nuevo al vestido viejo es una opción.

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