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Rémoras gremiales del taxi

Cuenta Domínguez Ortiz que a mediados del siglo XVIII los cocheros sevillanos, agrupados entonces en la cofradía de las Tres Caídas de San Isidoro, pusieron un pleito para que sus hijos fueran admitidos en ciertos oficios.

el 14 sep 2009 / 22:46 h.

Cuenta Domínguez Ortiz que a mediados del siglo XVIII los cocheros sevillanos, agrupados entonces en la cofradía de las Tres Caídas de San Isidoro, pusieron un pleito para que sus hijos fueran admitidos en ciertos oficios. Actuaban, pues, como un gremio a pesar de que ya entonces éstos hubieran sido abolidos precisamente porque eran una rémora para el comercio y la industria impulsados por las teorías mercantilistas. Los gremios se habían convertido en un eslabón anacrónico que, con su complicado sistema de exámenes para ingresar y sus forcejeos para que nadie entrara, obstaculizaban la libertad de empresa, la bandera enarbolada por quienes propugnaban un cambio social. Hoy "el gremio del taxi" ha tomado el relevo.

Primero lograron quitar de sus vehículos el negro y amarillo, característico de Sevilla, luego más licencias ante la Expo 92; hace un año presionaron para que no se peatonalizara la Avenida, no salen de noche? y al final logran una subida en contra de la lógica y, sobre todo, en contra del "bien común", base de todo gobierno. Se han movido a contramano de la ley de la oferta y la demanda, motor de la revolución que inventó la locomotora y el motor de explosión: han conseguido explotarnos a todos. Un sábado de estos muchos dudarán si coger un taxi o comprar un billete de ida y vuelta a Venecia. Esta opción tiene una ventaja añadida: allí no hay taxis.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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