Renovarse o morir

Las últimas encuestas dejan datos demoledores sobre la desafección ciudadana hacia la política

el 03 ago 2013 / 08:00 h.

Cientos de personas tomaron las calles el 15 de mayo de 2011. Cientos de personas tomaron las calles el 15 de mayo de 2011. Renovarse o morir. Esa es la receta que dan los expertos para que los ciudadanos comiencen a recuperar la confianza en la política, dilapidada por la “incapacidad” de los gobernantes de hacer frente a la crisis y por los escándalos de corrupción. O los partidos toman nota del mensaje claro que les está gritando la sociedad, o la democracia peligrará, advierten. Hay un “nuevo tipo de ciudadanía” que urge crear un nuevo sistema político basado en la participación real, la democracia interna y, sobre todo, la regeneración. El último Egopa del verano que el Cadpea presentó el lunes dejó conclusiones demoledoras. Tal es la desafección ciudadana hacia la clase política que, de celebrarse hoy elecciones, solo un 50% iría a votar, el dato de participación más bajo desde 1982. Los andaluces están en su mayoría muy descontentos con el funcionamiento de la democracia (el 83% cree que falla) y castigan principalmente a los partidos mayoritarios (PSOE y PP), a los que culpan del agujero económico y censuran sus corruptelas. Todos los partidos hicieron una lectura positiva de esta encuesta para sus propias siglas, pusieron el acento en la debilidad del contrario e ignoraron los datos que confirman la creciente lejanía ciudadana. “A los políticos les da igual que el 50% no vaya a votar y eso es escandaloso. Demuestra que solo se miran el ombligo”, critica Isidoro Moreno. Este catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla explica que cada vez hay “más gente que voluntariamente no quiere participar en unas elecciones con un sistema político obsoleto” y aclara que los sondeos no reflejan un rechazo de la política, sino “del sistema político de partidos”. “La participación política fue secuestrada por los partidos en la transición, que se quedaron con el monopolio de esa participación política, y ahora ese sistema se ha degradado”, señala. La directora del Cadpea, Carmen Ortega, también apunta a que los ciudadanos ven ahora la política “como un problema, cuando debería de ser una solución”. “La gente no se siente representada por sus políticos. Están desconectados de la ciudadanía, son una casta aparte”, dice. A su juicio, esa percepción empeora con la “profesionalización de la política”, es decir, “si nos gobiernan personas con poca formación y sin experiencia profesional fuera de la política”. En la misma línea se pronuncia Manuel Pérez Yruela, sociólogo e investigador del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), que opina que los políticos cada vez están más “distanciados” de la sociedad y que “no representan bien” a los ciudadanos, ni individualmente ni su tampoco propio partido. “Son un grupo separado”, afirma. En esa distancia con la sociedad, los partidos más “perjudicados son los que siempre han gobernado”, es decir, PSOE y PP. En el Egopa ambas formaciones perdían terreno frente a una subida significativa de IU y UPyD. El agotamiento del bipartidismo es un hecho para los expertos consultados por este periódico. “No hay una gestión eficaz ni ilusionante, ni un liderazgo político de la crisis, por eso la gente no los cree. Además, asistimos a un espectáculo de la corrupción que todo el mundo ve muy claro”, diagnostica Ángel Valencia, catedrático de Ciencias Políticas en Málaga e investigador del Centro de Estudios Andaluces. La corrupción y la ineficacia contra la crisis son dos factores determinantes para el creciente “descontento ciudadano hacia sus gobiernos”, subraya Clemente Navarro, catedrático de Ciencias Políticas de la Pablo de Olavide de Sevilla. ¿Y qué se puede hacer para revertir esta enorme desconfianza? “Renovación de los liderazgos políticos, que es lo más sencillo y lo único que estamos viendo, mayores dosis de democracia interna, transparencia y ética pública”, sostiene Valencia.  Carmen Ortega matiza que “no solo hacen falta caras nuevas, sino cambiar el estilo de hacer política”. Isidoro Moreno va más allá y confiesa que no cree en este sistema político. “Hay que crear otro nuevo que incluya una participación real de la gente en los asuntos colectivos y donde los ciudadanos puedan opinar de arriba abajo”. Pérez Yruela coincide en que “hay que hacer algo distinto, nuevo”. Además de pedir mensajes renovados, transparencia y democratización interna, el exportavoz del Gobierno andaluz apunta a un sistema “que no sea tan dependiente del poder financiero”. Clemente Navarro detecta que se está generando “un nuevo tipo de ciudadanía, una nueva cultura política de ciudadanos que no quieren más jerarquías, sino más participación”. “No solo sirve ya con elegir a tus representantes en unas elecciones; la gente se quiere involucrar más y los partidos tienen que ofrecer mayor participación”, explica. El escaño ciudadano, los presupuestos participativos o la participación en los plenos municipales son algunos ejemplos. Todos advierten de que el riesgo de que el sistema político no cambie es el “deterioro y la degradación de la democracia”. “Corremos el riesgo de caer en los populismos, de italianizar la política”, avisa Pérez Yruela. Ortega apunta ya a una “crisis de legitimidad del sistema público” y de las instituciones en general. Lo dicho, renovarse o morir.

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