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Rescatado de los lobos

Los Veintisiete toman una decisión vital para poner a salvo el euro de la jauría especuladora

el 10 may 2010 / 20:25 h.

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Muchas son las críticas que se han dirigido, con rigor o sin él, contra la presidencia española de la Unión Europea (UE) en los últimos meses, tanto en Madrid como en Bruselas. Su supuesta falta de visibilidad, la precipitación con la que anunció una cumbre con el presidente de Estados Unidos que nunca se confirmó, la "chapucera" propuesta -en expresión de una comisaria europea- de una euroorden para la protección de mujeres maltratadas, y hasta la gestión titubeante del caos aéreo provocado por un inoportuno volcán.

Pero en la madrugada de ayer, bajo la presidencia de la ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, los Veintisiete fueron capaces de tomar una decisión trascendental que quedará para siempre en la historia de la integración europea.

Se trataba nada menos que de salvar al euro de los ataques concertados de una "manada de lobos" -según expresión utilizada por el ministro sueco Anders Borg-, dispuestos a despedazar en los mercados a la criatura más preciada de la Europa unida. Y el acuerdo no estaba garantizado, en absoluto.

Por su complejidad jurídica, las reticencias del Reino Unido y otros países no miembros del euro, las exigencias de extrema disciplina que imponía Alemania, la independencia del BCE y la presión del reloj, el masivo paquete de rescate del euro podría no haber visto la luz.

Salgado tuvo además que ejercer la presidencia en las condiciones más incómodas, obligada a ser neutral en el momento en el que España -con Portugal- se encontraba en el centro de los reproches de los socios más poderosos.

A pesar de las resistencias de la CE, la única solución pasaba por separar el mecanismo en dos ingredientes: por un lado, la facilidad a la balanza de pagos y, por otro, un acuerdo intergubernamental para que los Estados que lo decidieran completaran los 60.000 millones "europeos" con varios cientos de miles de millones "nacionales" que hicieran el paquete total de ayuda contundente frente a los especuladores. A continuación, hubo que hacer frente a la exigencia alemana de que las aportaciones nacionales no se concretaran como garantías de préstamos sino como créditos. Para mayor dramatismo, los participantes se vieron sorprendidos por la noticia de que el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, había tenido que ser hospitalizado en Bruselas.

Salgado se esperaba que Alemania, Holanda, Finlandia y Suecia señalaran a España con el dedo y le exigieran, a cambio de una hipotética ayuda futura, el anuncio inmediato de mayores esfuerzos de reducción del déficit público.

La maniobra fue en parte neutralizada por el Gobierno español anunciando en Madrid una aceleración del plan de ajuste con un recorte adicional acumulado de 15.000 millones entre 2010 y 2011.

Entre tanto, la ministra francesa Christine Lagarde anunciaba que el director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, le había prometido por teléfono un volumen de créditos de hasta 250.000 millones de esta institución, otra exigencia alemana. Con todo este paquete, por unos 750.000 millones, más los compromisos políticos de ajustes adicionales por parte de España y Portugal fue posible convencer al BCE de intervenir en el mercado de la deuda soberana.

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