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Rescatados los dos okupas que aún quedaban en el zulo

21:18. Las fuerzas de seguridad han rescatado a los dos jóvenes que permanecían encerrados en una galería subterránea excavada en el inmueble donde se ubica el centro social Casas Viejas. Continúan las labores para sacar al otro encadenado. (Foto: Antonio Acedo).

el 14 sep 2009 / 20:53 h.

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· Así es el zulo donde permanecen los ocupas

Bomberos y agentes de la Policía Nacional han logrado sacar a los dos ocupas encerrados en la galería subterránea del Centro Social Casas Viejas de Sevilla, que ha sido trasladado en ambulancia a un centro sanitario.

Según han informado fuentes del colectivo ocupa de Casas Viejas, el desalojo de Iván, de 26 años y que estaba encerrado en la galería desde la mañana de ayer, se ha producido en torno a las 19:20 horas y a sobre las 21.00 horas al segundo.

Una segunda ambulancia se ha desplazado al edificio, donde aún se mantiene el dispositivo policial, a la espera de sacar al segundo ocupa, Agustín, de 39 años.

Por el momento se desconoce el estado de salud de estas dos personas.

Casas Viejas, el activo centro social que ocupa ilegalmente un edificio privado del Pumarejo, frenó ayer su desalojo con una "resistencia pasiva" que invita a reflexionar sobre el final que les espera: tres okupas se encadenaron en un zulo y nadie pudo sacarlos. Cortes de tráfico y un encierro completaron la estrategia.

Metidos en un diminuto zulo excavado durante todo un año, a cuatro metros de profundidad, con los brazos metidos casi hasta el hombro en tubos de hierro cubiertos de hormigón y las manos encadenadas al fondo. Así, sin poder moverse, resisten desde ayer Iván y Agus, del colectivo de apoyo a Casas Viejas. Ya llevan casi 30 horas así, aunque desde esta mañana cuentan con asistencia médica.

Fue la sorpresa con la que se topó la Policía Nacional al intentar hacer cumplir la orden judicial de desalojo. Esperaban que se resistieran y enviaron a 60 agentes, antidisturbios y expertos en asalto, pero no sospechaban lo que habían preparado: cuando tiraron las puertas bloqueadas con colchones y hierros, había varias personas encadenadas en las habitaciones, que liberaron fácilmente cortando sus cadenas con tijeras para metal.

No imaginaban que estaban ganando tiempo: otros tres se habían metido ya en el túnel subterráneo: Lola no tuvo tiempo de encadenarse, y a las dos horas ya la habían sacado de su sitio, acostada sobre una tabla en un túnel que se ha excavado en el centro social durante un año con gran secreto.

El verdadero fortín estaba bajo tierra: tras bajar cuatro metros en vertical por las escaleritas del túnel, hay un pasillo horizontal de unos tres metros tan estrecho que sólo cabe una persona: allí, tras de una puerta metálica, estaban los otros dos, pertrechados en un reducido espacio y bien atados al hormigón de la pared, con agua, comida y una bombona de oxígeno. El zulo tiene tubos para que entre el aire y un sistema de ventilación a motor.

Los okupas quieren dar trascendencia a un desalojo que ven "injusto" porque pondrá fin a seis años de actividades sociales en un edificio "que llevaba 20 años abandonado" y donde los dueños harán pisos "de lujo con fines especulativos".

En un vídeo que distribuyeron al comenzar el desalojo, explican que creen que su actuación es "ilegal pero justa", y dan indicaciones a la Policía sobre cómo es el agujero para que los saquen sin ponerlos en peligro. Saben que tendrán que salir, pero quieren hacer mucho ruido y recordar que en Casas Viejas hay "cine gratis, una escuela de circo, intercambio de ropa, una biblioteca, guardería y espacios para celebrar actividades, una oferta a disposición de los sevillanos que no tienen muchos otros centros financiados por el Ayuntamiento", insistía un portavoz.

Entretanto, ni los Bomberos lograban rescatar a sus compañeros: hicieron intentos para soltarlos, pero el sitio es demasiado estrecho. Los técnicos aseguraron que si se intentaba cavar había riesgo de derrumbe, por lo que la Policía mantuvo un retén de seguridad y anunció que está estudiando cómo sacarlos sin emplear la fuerza. Se les pidió a sus compañeros que los convencieran, pero tras horas sin conseguirlo, a las dos de la tarde se hizo salir a los tres okupas que seguían en la casa tras haber sido desencadenados a primera hora.

La acción de Casas Viejas está inspirada en una realizada en Londres, donde la Policía acabó sacando a los encerrados tras cavar durante tres días. Pero la Policía explicó que el suelo de Sevilla no es el de Londres, y que los Bomberos creen que hay riesgos.

Los okupas aseguran que no pueden salir ni por sus medios ni con ayuda exterior, porque han "tirado" las llaves de las cadenas. Esta versión tiene matices: algunos reconocían que ellos no tienen llave, pero sí alguien de fuera.

La versión oficial del grupo de apoyo es que sólo pueden salir si se cava otro túnel paralelo. Ayer insistían que "la obligación de la Policía es sacarlos" y exigían que lo hagan los Bomberos, o que la Policía se vaya para que puedan hacerlo ellos. También se quejaban de que les han quitado la comida y el agua. Nadie supo responder si tienen previsto cómo realizar sus necesidades fisiológicas.

Ya de noche, unas 15 personas se encerraron en el Centro Cívico Las Sirenas para exigir que permitan que alguien del colectivo vaya a ver si están atendidos. La red de apoyo pidió al Defensor del Pueblo que intercediera con el Subdelegado del Gobierno para que reciban asistencia médica, lo que anoche no había ocurrido.

El concejal Francisco Manuel Silva (IU) pidió que no se criminalice al colectivo okupa y alabó la "resistencia ejemplar" de Casas Viejas y su labor por el barrio en los últimos años. El sindicalista Diego Cañamero quiso mediar con los okupas encadenados pero no se le permitió acceder al edificio.

Durante toda la mañana, un centenar de personas se manifestó entre golpes de cacerola cortando el tráfico en Resolana y Feria hasta llegar al Ayuntamiento, donde protestaron, y a la vuelta en Amor de Dios y Feria. Hubo enfrentamientos con la Policía que acabaron con empujones y algunos golpes, pero en todos los casos, tras encararse y gritarse, se volvió atrás: tanto los agentes como Casas Viejas tenían la consigna de mantener la calma. Los okupas quieren prolongar al máximo la situación, para hacer pensar si no se puede conseguir que un centro tan vivo siga funcionando. La Policía, en cambio, confía en que la situación se resuelva, sin violencia y cuanto antes.

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